La familia y uno más (por Ana)

Fotografía de Jarete cuando llevaba una hora en casa. Había encontrado su lugar en el mundo

Madre mía, en qué lío me he metido!!! Y lo he hecho yo solita, nadie me ha obligado, asesorado o inducido… Yo misma, conmigo misma, he decidido complicarme la vida (como la mía es especialmente fácil con mis circunstancias adversas, pues eso, toma complicación…) Pero tengo que admitir que a pesar de todo el esfuerzo de estos días, estoy encantada de la life… ¡¡¡Tengo un perrito en casa!!!

La niña de mi marido siempre nos ha pedido un perro, pero siempre desde que era un mico, y nosotros, la verdad, vivíamos muy bien como para adquirir esa responsabilidad. A los dos nos gustan mucho, pero con nuestros trabajos en televisión, sin horarios, festivos ni fecha en el calendario, nos parecía una locura condenar a un ser vivo a estar siempre solo metido en un piso enano… Vamos, que entre unas cosas y otras, nunca hicimos mucho caso a la pobre Paula, que aun así, tenaz, cabezota y, porque no decirlo, pesada hasta decir basta, seguía insistiéndonos con el tema- inciso: cuando veía que pasábamos ya mucho de ella, nos sometía al chantaje emocional más grande del mundo, la petición de un hermanito, estoy segura de que pensaba que nos íbamos a acojonar con esa responsabilidad tan grande y la del perro no nos parecería tan grave… ja,ja,ja… ilusa, no sabía que nosotros somos más tenaces, cabezotas y, porque no decirlo, más responsables que ella y sabíamos que ese no era el momento, ni de niño ni de perro.-

Cuando mi chico enfermó y a mí me despidieron, no teníamos cabeza para pensar más allá de nosotros dos y nuestras familias… teníamos el corazón tan roto que nos parecía imposible que en él entrara algo o alguien más de los que ya estaban. Hemos pasado rachas muy malas, pero también nos hemos dado cuenta que esta enfermedad nos está llevando a dar y recibir más cariño y apoyo del que podíamos imaginar. Poco a poco todo se ha ido asentando, el ser humano es capaz de adaptarse a cualquier situación, por dura o difícil que parezca. Nos casamos y afianzamos nuestra relación. De repente, a mí me apeteció dar un paso adelante… Tener un niño en estas circunstancias me parecía completamente descabellado, aunque me lo planteé más de una vez, pero de nuevo, la responsabilidad de la que hablaba antes me hizo comprender que era imposible. Tampoco ha sido una renuncia dramática, yo nunca tuve eso que llaman instinto maternal y los niños no me dicen nada, solo me gustan los más cercanos, y supongo que si tuviera uno mío sería fantástico, pero si no puede ser, pues a otra cosa, mariposa. De pronto, empecé a escuchar los cantos de sirena de mi medio hija y plantearme lo del perro. Se lo comenté a su padre y él por su lado también estaba rumiando la idea, así que, hale hoop, aquí está Jarete, el perro más bueno, amistoso y simpático del mundo…

Una vez que lo decidimos, empezamos nosotros dos a pensar en razas, cómo adquirirlo, etc. Teníamos claro que queríamos que fuera una sorpresa para Paula, así que todo lo decidimos nosotros. Finalmente, y sin tener que pensar mucho, optamos por la opción que nos pareció más sensata y humana, la adopción. El sábado pasado, convencí a la jovencita que tengo en casa de que nos íbamos de excusión con mi hermana y su novio. Ella sabía que algo tramábamos porque le dijimos que íbamos al campo y ella sabe que somos más urbanos que los adoquines del suelo. Estuvo nerviosa toda la noche y el trayecto, intuía algo pero esto era lo último que se podía esperar después de tanta negativa a su petición y tanto juramento de que nunca tendríamos mascotas. Cuando llegamos a la asociación y comprendió lo que íbamos a hacer, casi le da un perrenque (nunca mejor dicho) allí mismo.

Comenzamos a ver perros, pero ella y mi hermana ya se habían enamorado de uno que habían visto en la primera jaula. Yo tengo que reconocer que ni me había fijado en él. Vimos 150 perros… y no es ninguna exageración, ese el número de perros que tienen pendientes de adopción en la asociación. Pero ellas, especialmente Paula, ya lo tenían claro. Así que volvimos sobre nuestros propios pasos y volvimos a ver al perro. Nosotros habíamos pedido un perro con unas características muy determinadas debido a la enfermedad de mi chico: sociable, tranquilísimo, casero… Y la cuidadora nos había recomendado uno llamado Jarete. Mi hermana y Paula insistían en que ellas se habían quedado prendadas del perro de la primera jaula. La cuidadora alucinó, resulta que ese perro, el que a ellas les encanta, era ni más ni menos que el señor Jarete que cumplía con todas nuestras peticiones.

Nos hablaron del periodo de adaptación, de los problemas que podían surgir, de lo que debíamos hacer… Nos comentaron que le costaría mucho hacer pis y caca en la calle porque ya tenía un año y llevaba toda su vida haciéndolo donde quería… Pues bien, a los dos días ya dejó de hacerlo en casa. Nos decían que era posible que tuviera miedo de la silla de ruedas de mi marido: Nunca ha tenido miedo, se sube encima de él y le come a besos, han establecido un código visual muy curioso… Yo tenía miedo de que viniera maleado y con problemas: No ha dado una sola noche mala, nos quiere con locura y está en casa como un rey, ni un mínimo problema. Nos quiere a todos, pero de mí no se separa, le cuesta hasta dejarme ir al baño sola, ja,ja,ja… Es un amor, y listo como pocos, os digo que está en casa desde hace cinco días y ya obedece la orden de quieto, corre y juega con la pelota sin ningún tipo de problema. Se ha convertido en una estrella en mi entorno porque a todo el que entra en mi casa le convierte en su amigo desde el minuto cero. Le he oído ladrar dos veces y porque se ha asustado…

Vamos, que estoy enamorada de Jarete, que me está dando tanto amor y tanta alegría en tan poco tiempo después de un periodo de mi vida complicado, que ya es mi nuevo ídolo. Y, por supuesto, la felicidad de Paula cuando está con él, el que se levante a las siete de la mañana un día de cole para pasearlo y encima diga: “¡qué despertar más maravilloso!” hace que todo esto valga la pena, los madrugones, la educación, el que se haya enredado ya con mis lanas y me haya destrozado un boli… Pero sobre todo, lo más importante para mí, es lo feliz que está mi media naranja, lo que le ha animado este pequeño ser vivo, y lo que nos divertimos los dos con sus travesuras y correrías por la casa. Tan poco tiempo y ya es uno más de la familia por méritos propios.


9 respuestas a “La familia y uno más (por Ana)

  1. Gracias Mónica por comentar. La verdad es que sí, que la vida nos ha cambiado… por ahora estamos con bastantes regañinas, educando y tratando de que no se coma mis botas, que ha cogido fijación con ellas… pero sí, estamos encantados y muy felices… Y él parece bastante feliz, vamos, como que es el más mimado por toda la familia… Un beso!!

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  2. Jarete te da las gracias por tu bienvenida!!! Totalmente de acuerdo, tú también has expresado muy bien las razones por las que estoy contenta con esta decisión: recibes en compensación por lo que das… y en este caso es mucho… Un besazo!!

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  3. Totalmente de acuerdo, Mi Álter… Lo estamos disfrutando pero mucho, parece que lleve aquí toda la vida y hoy (sábado) hace solo una semana que llegó… Es un gustazo!!!

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  4. Yo, hasta hace nada, también decía que nunca tendría perros, a pesar de que me pirran, por las mismas razones que tú expones. Pero la vida te cambia, los momentos se presentan cuando se presentan y, en nuestro caso, el momento era este… Tengo la casa llena de pelos, me peleo constantemente con él porque hay que educarlo, se me están poniendo unas piernas y un culo que no veas de sacarlo a pasear (creo que eso va en los pro ;-)) y a veces te preguntas qué has hecho… Pero cuando le veo con mi pareja y lo felices que estamos con tanto cariño incondicional, a mí me compensa… Entiendo a los que no porque hasta hace dos días yo estaba en ese bando, pero hoy por hoy, me compensa y mucho… Lo de adoptar es que me parece de cajón, si hubieras visto a los perritos que dejé allí, se te caería el alma a los pies… Un besazo, guapa…

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  5. A mí no me van mucho los perros, la verdad… pero entiendo perfectamente lo que describes (entre otras cosas porque lo haces muy bien).
    Las responsabilidades abruman, pero son las que llenan tu vida, sobre todo las que eliges voluntariamente y a conciencia: un hijo, una pareja, un perro, una casa, una profesión vocacional, una pasión, una afición… La vida es un trueque constante: para recibir hay que dar. Y tú de eso sabes mucho.
    ¡Bienvenido a nuestro mundo im-perfecto, Jarete! no has podido caer en mejor lugar 🙂

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  6. No tengo intención de tener perro. Mi hija mayor quiere, pero vivimos en un piso y no lo encuentro ni cómodo ni práctico ni higiénico (el tema pelos que sueltan) con niños pequeños. Si viviéramos en un chalet, y el animal tuviera su propio espacio lo haría, porque a mi niña le encantan los perros. Reconozco que tampoco quiero esclavizarme a tener que sacarle tres veces al día, es una responsabilidad y un trabajo.

    Toda la gente que conozco con perro está encantada, y tú ya colada por él.

    Aplaudo mucho la idea que habéis tenido de adoptar, es lo mejor, sin duda.

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