A mí que me registren (por Isa)

Hace poco más de dos meses volví a ser madre y tuve que pasar por el primer trámite burocrático de la vida de mi hija. La ley te obliga a registrar a la criatura en un plazo de 8 días naturales, y todos los papeleos posteriores (incluida la solicitud de la prestación por baja maternal) dependen de este escalón inicial, así que allá que nos fuimos el papi, la nenita y yo.
Tradicionalmente, de estos asuntos se ocupaba el padre, en su rol de ‘cabeza de familia’, y así sigue siendo si el bebé es fruto de un matrimonio, algo que es cada vez más excepcional. Ahora, si no estás casada tienes que presentarte tú misma, independientemente de que hayas parido de forma natural, por cesárea o estés sufriendo complicaciones posparto, en el edificio del Registro Civil. En Madrid solo hay uno, por lo que las colas son memorables.
El edificio del Registro Civil de Madrid está mal adaptado. Tiene una única entrada con un arco de los que detectan metales que hace de embudo nada más acceder. Para saber a dónde dirigirte no queda otra que esperar otra fila para el mostrador de información, ya que los carteles son confusos. Luego, dos ascensores minúsculos son los que te llevan al resto de las plantas. Imposible entrar en ellos con un carrito de bebé. Conscientes de esa deficiencia, han habilitado una rampa que te lleva a una zona que parece un almacén con un nuevo ascensor de subida a la zona de registro de recién nacidos. Nueva momento de espera. Mucho carrito para un único ascensor.
Una vez arriba, te encuentras una sala atestada de madres convalecientes del parto, padres atribulados, carritos y bebés de escasos días. Hay pocas sillas y no hay aire acondicionado. Algunas mujeres se ven obligadas a estar de pie con sus churumbeles y a sobrellevar con escasa dignidad los dolores de pecho y de la episetomía, los entuertos, la falta de sueño y el bochorno infernal del julio más caluroso en años durante horas. Yo tengo suerte y consigo sentarme para poder rellenar un formulario arcaico donde hay que hacer constar todos los neonatos vivos o muertos (la especificación es escalofriante) y -entre otras lindezas- me preguntan por la estabilidad de mis relaciones de pareja.

Cuando por fin nos llega el turno, pasamos a otra sala donde cuatro funcionarios atienden en sus mesas numeradas. El resto, otras cuatro, permanecen vacías. Aquí sí hay aire acondicionado. Un lujo. La señora que nos toca en suerte examina los papeles que le hemos traído y empieza a torcer el morro. A mí me sudan las manos de los nervios que me ocasionan siempre este tipo de trances administrativos en los que siempre dudo de haberlo hecho bien. “Mmmm” dice. “Mal asunto” pienso yo. “No va a poder ser” masculla mientras cuenta meses con los dedos… Mi cara es la imagen del estupor. “¿Hay algún problema?” pregunto. “Sí”, me dice, “no han pasado 300 días del divorcio y en este caso no se puede eliminar la presunción de paternidad de su ex marido. Tiene que traer a dos testigos que certifiquen que usted lleva separada de hecho más tiempo”. ¡Toma castaña!. “Pero eso yo no lo sabía, ¿cómo no lo avisan?”. “Esas cosas no hay que saberlas”, me suelta. Tiene razón: para qué informar bien al ciudadano de las leyes absurdas. El padre de la criatura hace una broma sobre el indudable parecido físico de su vástago y las pruebas de ADN. La señora funcionaria no está de humor.

Total, que tenemos que volver. Al día siguiente, después de una noche en vela y amanecer con fiebre alta, vamos para allá de nuevo con los dos testigos. Mi estado de ansiedad es aún mayor. Me siento como Andie McDowel en Matrimonio de Conveniencia, sometida a un interrogatorio sobre mi vida privada que parece más propio de una dictadura conservadurista que de una democracia de casi cuarenta años. Nuevamente, esperamos en la sala de espera con temperatura de sauna hasta que nuestra amiga tiene a bien atendernos, recordando las fechas clave con los testigos para que cuadrasen los testimonios. Primero, me interroga a mí, después a los testigos uno a uno, y, por último, a la pareja. Finalmente, tras sangre, sudor y lágrimas, conseguimos el preciado certificado de nacimiento de la peque y el libro de familia.
La moraleja de esta historia es doble. Para la funcionaria que nos registró a la niña es que hay que tener los papeles en regla porque “hasta para separarse es mejor estar casado”. Para mí la moraleja es que tenemos un sistema de registro preconstitucional y anácronico, incómodo, desesperante, mal gestionado y absolutamente falto de empatía.

20 respuestas a “A mí que me registren (por Isa)

  1. El padre natural estaba ahí. Al que le querían cargar el mochuelo es al santo de mi ex del que llevo felizmente separada desde hace casi 5 años y con el que tengo una excelente relación.

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  2. Ay, cuàn de acuerdo estoy contigo! A mi me tocó hace 8 meses, también ir en persona por no haber certificado de matrimonio, con puntos, hemorroides, lluvia, viento y frio… Y llegar alli y que te digan que el papelito no lo tienen en gallego ( cuando es un derecho constitucional) y que no se va a poner a redactarlo de nuevo…. En fin, las cosas de palacio ya sabemos cómo van… Un abrazo

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  3. “Si un hombre está de acuerdo en asumir la paternidad y la madre también, incluso si no es el papá, no veo en que tiene que meterse el Registro”.

    El comentario es apoteósico. Esperemos que a este señor, nunca le hagan eso…es que no se acuerda de que a lo mejor hay un padre que es el natural y.. ¿¿que no sabe nada!!.

    Ah, se me olvidaba!! si ya hay otro señor que ha decidido ser el padre de la criatura, el de verdad era muy antipático…

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  4. Si un hombre está de acuerdo en asumir la paternidad y la madre también, incluso si no es el papá, no veo en que tiene que meterse el Registro.

    En cuanto a los de los hijos, hay abuelos peleando en los tribunales para verlos si su hija o hijo no viven y la unión acabó en divorcio. Y si hay abuelos con lazos de sangre luchando… el resto de personas ya saben lo que les toca si quieren ver a esos niños. Juicios. Burocracia y gasto. Una cosa es lo legal y otra lo moral. La patria potestad y la guardia y custodia son de quien son, guste o no, la viuda o el viudo poco pintan, por desgracia, pero mi consejo a esas personas es que luchen legalmente. Conozco un caso.

    El Observador.

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  5. No te voy a repetir una vez más la experiencia que tuve con ellos para celebrar mi boda. Solo decir que cuando nosotros fuímos ni siquiera existía la rampa y el ascensor más grande. Una funcionaria que se apiadó de nosotros tuvo que bajar para que Pablo firmara porque su silla de ruedas no cabía en los mini ascensores. No se puede seguir viviendo en el siglo XIX, existiendo tantas nuevas tecnologías, pudiendo solucionar problemas a través de un ordenador…

    Lo de dudar de la paternidad de un bebé ya me parece lo último, estés soltera, divorciada o vivas en pecado, si las tres personas están de acuerdo, ¿dónde está el problema? No debería ni ser legal hacer ciertas preguntas o comentarios sobre la vida íntima de una persona. No hemos avanzado nada de nada. Si me pongo a hablar de los derechos de las nuevas parejas en las que el hijo es de uno solo y tú le crías y le quieres, pero si el progenitor se divorcia de ti o muere, no tienes ni el más mínimo derecho sobre esa personita… las leyes van muy por detrás de la sociedad…

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  6. Madre del amor hermoso… Suerte que hace tiempo que no tengo que hacer trámites porque la sensación de impotencia que te embarga ante la más mínima gestión es indescriptible (aunque tú lo has hecho muy bien). Besotes!!!!

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  7. Por suerte y hasta la fecha nunca he pisado el Registro Civil de Madrid, pero sólo he oido quejas de sus instalaciones y de sus trabajadores. No puedo entender que una institución al servicio del público siga año sobre año en estas condicones. El tema de la accesibilidad ya me parece de juzgado de guardia, sin comentarios.

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  8. Es un insulto que se dude de tu palabra en un tema como este, y es demencial que el estado intervenga en un asunto tan íntimo. A veces, da la sensación de que en 40 años no han tenido tiempo de modernizar los esquemas y seguimos con burocracia preconstitucional.

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  9. Vaya rollo que resulta la burocracia en general, aunque lo de la posible paternidad del ex marido, yendo con el padre de tu hija, que además dice ser el padre de tu hija -qué cosas- es delirante. Que digo yo que si va contigo y la nena es el padre. Delirante y absurdo.

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