Las doce en punto (por Isa)

Era la víspera del día D, y se aproximaba la hora H. Y esta vez no podía haber ningún error. No en Nochevieja, con toda la familia pendiente de nuestra actuación estelar, con las uvas en la mano.

Por eso, no podíamos contar con él. En las últimas semanas había empezado a fallar por segundos. Se había retrasado despreocupadamente, ralentizando la salida de sus compañeros que, nerviosos por la situación, habían perdido el ritmo de la música.
Reunidos en asamblea decidimos de forma casi unánime el castigo más severo: la expulsión. Solo se resistió la dama de la sombrilla, que siempre había sentido debilidad por su porte militar. Antes de que el mal fuera mayor, arrojamos al soldado de la bayoneta gris fuera del reloj de cuco. Desde entonces la dama desfila más triste pero se ha vuelto a imponer la puntualidad.
Ya estamos preparados para cumplir con precisión suiza.
¡Feliz salida y entrada de año!

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