Con el calor como excusa (por Isa)

¡¡¡Qué caló!!!
Me toca escribir a mí y no se me ocurre nada. Estoy cero inspirada y es que tengo la mente tan árida como el clima… y todo por este calor infrahumano. “Qué excusa más pobre se ha sacado ésta de la manga”, pensareis, y no os falta razón, pero es la pura verdad. El vertiginoso aumento de las temperaturas me tiene atolondrada y torpe -más de lo normal-. A mí, que soy una defensora a ultranza del sol y del verano, y que siempre he gozado de una envidiable resistencia al bochorno estival, este cambio de registro vital me ha dejado fuera de juego… Me siento como una rana a la que de repente le detectarán intolerancia al agua estancada, completamente desubicada, ridículamente fuera de juego.
Como os digo, siempre he llevado bien los calores… y no solo los patrios, si no los de lugares recónditos y de climatología extrema: el pegajoso del Caribe, el intenso y húmedo de la selva amazónica, el deshidratante del desierto del Sahara o del Wadi Rum, el intenso y seco de la estepa turca o la siria… por eso, esta repentina asfixia me tiene desconcertada, y no sé a qué se debe si a los efectos nocivos del cambio climático sobre el planeta o, lo que es peor, a la edad… que ya estoy viejuna.

Esta noche, el calorazo no me dejaba conciliar el sueño así que, llevada por la desesperación, he encendido el aire acondicionado de mi habitación con fatídicas consecuencias.  He conseguido dormirme, sí, pero me he despertado de madrugada con congestión nasal, la garganta irritada y un dolor de cabeza atroz… Me ha salido rana el invento, ¡rana alérgica a la charca!
Empitonada a la fuerza
Esta experiencia no hace más que confirmar mi animadversión por estos aparatitos que te trasladan a Siberia en pleno agosto y te provocan resfriados fuera de temporada. ¿Por qué es tan difícil regular la temperatura del aire acondicionado para que no resulte dañina?  Es insano y molestísimo vivir con constantes cambios de temperatura: en la oficina con chaqueta y bufanda, en la calle buscando la sombra como un perro viejo, en el metro y en el cine aterida de frío, en una terracita meneando el abanico con estupor menopáusico…
No me quiero poner ni nostálgica ni involucionista, pero recuerdo veranos capitalinos intensos sobrellevados con dignidad y sin necesidad de aire acondicionado.
¡¡¡qué frío!!!

10 respuestas a “Con el calor como excusa (por Isa)

  1. Yo soy totalmente de invierno, ya lo he manifestado en varios comentarios. A mí el calor me deja aplatanada por completo, no tengo ganas de hacer nada y me pongo de mal humor. Y esto desde siempre, sin hijos y antes de la treintena… El verano solo a partir de las diez de las noche, en terracita, con una buena cerveza y un gin tonic según avanza la noche…

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  2. Bueno, parece que al menos en Madrid han bajado ligeramente las temperaturas… ligeramente… yo también creo que la maternidad cambia un poco estas cosas y quien sabe, quitáz la treintena también…

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  3. Nunca he soportado bien el calor, y con la edad peor. Más que la maternidad, creo que es cuestión de estar en la treintena. Una cosa es estar a 25 grados, a eso le llamo yo buen tiempo, y otra son los 40, esa sensación de ahogo, ese sudor. Un verdadero asco. Todas las tardes a bajar a la piscina y poco plan más. El parque ni lo pisamos.

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  4. Qué ilu, Marta!! Bienvenida al mundo im-perfecto! espero que te guste… jajajaja a mí tb me ha encantado la imagen del empitonamineto… y respecto a los viajes, no te preocupes que aún tienes más de 10 años para alcanzarme 😛

    Ay, Mónica… tengo una amiga que dice que es por la maternidad, que te cambia el metabolismo! desde luego, la de cosas que te cambian en el cuerpo siendo madre!!

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  5. Yo llego a pensar que estoy menopáusica perdida, porque no soporto la calor, y me pasaba igual que a tí,siempre presumiendo de lo bien que aguantaba la calor!!!!Y eso que vivo en Galicia…pero claro este fin de semana, aquí no se respiraba!!!!Un beso

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  6. jajaj! la foto de la mujer empitonada no puede ser más descriptiva…
    Leyendo tu post no sé si sentir penilla por el calor sofocante o envidiarte por los maravillosos lugares que has citado…. Eso sí, pisando esas tierras el calor se acepta con más alegría 😉

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