Los 91 años de mi abuelo (por Ana)

He elegido esta imagen porque es exacto a mi abuelo con su bastón, su inseparable gorrilla y siempre pegado al periódico. El dibujo es de Joan Martí Aragonès

Mi abuelo acaba de cumplir 91 años. Está bastante enfermo físicamente, arrastra un asma feroz desde hace muchísimo tiempo, desde siempre, y ahora ya sobrevive gracias a la ayuda de un oxigeno artificial que alimenta sus pulmones y su organismo. Tiene mil achaques y hace poco le ingresaron con una infección pulmonar incurable y nos llamaron para que nos despidieramos de él porque no iba a pasar de esa noche. Esto fue hace casi un año, y aquí sigue, entre los vivos.

Es un ejemplo mi abuelo de muchas cosas, horrorosas, malas, regulares y buenas. No me he puesto yo hoy a escribir para contaros sus defectos y hablaros de su mal genio, que no solo conserva, que ha multiplicado por mil, de lo mal que ha hecho algunas cosas en su vida y de lo horriblemente que trata en ocasiones a los que tiene alrededor. No, no quiero detallar esas cosas, quiero reafirmar aquellas por las que me encantaría llegar a su edad como él está.

El señor Ángel siempre ha tenido una cabeza prodigiosa, era maestro en esa gloriosa República en la que la cultura estaba por encima de otros mandamientos, eso años que precedieron a una guerra, tras la cual tuvo que dejarlo y dedicarse al campo. Su mente, con esos 91 años a sus espaldas, sigue siendo una máquina perfectamente engrasada. Sabe perfectamente el dinero que tiene en el banco, se encarga de sus financias, pagos de recibos, etc. No confunde una sola de sus pastillas, teniendo muy claro para que sirve cada una de ellas y cuando se la tiene que tomar. Sabía perfectamente que mi sobrina no podía estar en su cumpleaños, pero lo sabía hace dos meses, porque había echado cuentas y se había dado cuenta de que ese fin de semana la niña lo pasaba con su padre, nos llama cuando le apetece o le parece con su móvil que maneja a la perfección. Se duerme oyendo “Hablar por hablar” de la Ser porque es un poco cotillo y le encanta enterarse de vidas ajenas y, os confesaré un secreto porque él no lee este blog, hasta hace bien poco (no sé si las conservará) tenía escondidas varias revistas porno que revisaba de vez en cuando (no me preguntéis cómo lo sé, es un poco embarazoso contar cómo le pillamos, ja,ja,ja)… Es realmente admirable, no tiene una sola laguna y vive en su tiempo, sabe perfectamente lo que es internet, aunque no lo maneje, y la tecnología no le es ajena…

Vive solo, con la ayuda de sus hijos que se pasan todos los días y le llevan la comida hecha, le acompañan un ratito y se ocupan de sus médicos y necesidades. Pero vive solo, se organiza, hace lo quiere… Es más, a mi abuelo le molesta que vayamos demasiado a verle o que cuando vamos estemos demasiado tiempo. Él tiene sus rutinas y sus horas perfectamente llenas. Toma su aperitivo todos los días, una cervecita o un vinito con aceitunas y patatas fritas de churrería, hace quinielas, se enfada si pierde el Madrid, ve sus películas del Oeste, lee el periódico de cabo a rabo, le grita a Rajoy a Esperanza Aguirre cuando salen en la tele, habla con su vecina con la que comparte patio desde hace millones de años… Lleva una vida todo lo plena que se puede llevar cuando la enfermedad y los años se nos echan encima. Me atrevería a decir que es bastante feliz.

Cuando fuímos a verle para felicitarle y apagar las velas puestas en dos galletas (el azúcar está prohibidísimo, así que poquito y de adorno) nos comentaba que de su quinta en su pueblo eran 26 y, como pasa en todos los sitios pequeños, todos se querían y mantenían el contacto. Con toda la pena del mundo nos decía que de ese grupo solo quedaba él, todos los demás habían fallecido, algunos hacía mucho tiempo. Se preguntaba, casi con lágrimas en los ojos, que por qué Dios hace estas cosas, cómo elige llevarse a unos y dejar a otros. Y evidentemente, surgió el nombre de “la María”, mi abuela, su mujer durante toda una vida, la persona con la que se peleaba a rabiar… siempre hemos pensado que no se soportaban porque los dos tenían un carácter verdaderamente difícil, rozando lo insoportable para una convivencia y para la relación con el resto del mundo. Quizá por ello, entre tanta pelea y tanto grito, lo que quedaba era la sensación de estar junto a la única persona con la que podían estar, el único ser que era tan antisocial y complicado como uno mismo. Mi abuelo está muy bien y hasta creo que mucho mejor, más tranquilo que cuando vivía mi abuela, pero en el fondo, la echa muchísimo de menos, le gustaría seguir discutiendo eternamente. Es otra forma de amor bastante difícil de entender, es compañía, costumbre, comprensión… no sé, a mí no me gustaría vivir como ellos vivían, pero quizá para mis abuelos era una forma de vida ideal, para ellos una pareja era pasión, locura, arrebato…

¿Qué por qué Dios hace estas cosas y elige que unos mueran demasiado pronto y otros sobrevivan hasta la edad de mi abuelo? Para mí, y con todo respeto para los creyentes, la respuesta es evidente: Dios no existe, porque si existiera, tendría que dar muchas explicaciones a las injusticias que se producen cada día… Pero esto es harina de otro post, éste va a ir concluyendo con una felicitación muy especial al señor Ángel y un deseo para él, que siga tan estupendo los años que le queden, y para los demás, que lleguemos como él a los que tiene…


4 respuestas a “Los 91 años de mi abuelo (por Ana)

  1. A mi me queda solo una abuela de 86 años si no me equivoco y tiene más energía que muchos 20 años menores. Para mi lo peor de la longevidad es sobrevivir a tus hijos, mucha gente muy mayor y sana ve morir a sus hijos de 60 años por enfermedades “de la edad”, eso si tiene que ser duro, ver que tus hijos mueren y tu sigues aquí.

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  2. Tu abuelo debe ser un tipo de armas tomar… Y ha debido ser todo un figura.
    Yo solo conservo a mi abuela, Carmen, el nombre no le puede ir mejor a una mujer fuerte, de carácter, luchadora y con ese componente tergiversador tan asociado a las mujeres de antes. Ella no llega aún a los 90, cumplirá 87 el mes que viene y como tu abuelo conserva las neuronas intactas. Algún día hablaré de ella 😊

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  3. La vejez tiene luces y sombras. Yo no tengo ninguna persona anciana en mi vida, ninguno de mis abuelos vive.

    Lo más importante del tuyo es que tiene calidad de vida. Hay muchos ancianos que pierden la razón o no reconocen a los suyos, pero tu abuelo a veces hasta os echa de más.

    No puedo/quiero enrollarme con una respuesta teológica. Para los que creemos que Dios existe, es cuestión de fe. Eso explica bastantes cosas y supongo que a ojos de un ateo, más bien nada, pero Dios no necesita que le entiendan. Un beso.

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