Pablo, mi amor, te echo de menos (por Ana)


Pablo era un gran profesional, admirado y respetado por todos sus compañeros. Era un magnífico hijo y un fantástico hermano. Pablo era un padre ejemplar, su hija Paula era su centro, su principio y su fin, su vida entera… Y era la mejor pareja del mundo… y era mi pareja, mi marido, mi amigo, mi amante, mi padre, mi hermano, mi media naranja, mi corazón al completo, toda yo era él y todo él era yo.
Pablo falleció el día 20 de noviembre a causa de una maldita enfermedad, la ELA, sí, la de los cubitos de hielo, la campaña de la que tantos os habéis reído sin poner ni un euro de ayuda, sin imaginar (supongo que yo hubiera sido igual) que tras tanta tontería de agua y famosos hay gente que muere a diario. Y no sólo que muere, que sufre lo indecible hasta fallecer.
Se supone que en este post iba a describir a mi marido, a hacer una loa del hombre que permaneció junto a mí 11 años, los más maravillosos de mi vida, incluidos los cuatro de enfermedad, pero no sé si la tristeza me va a dejar. Supongo que debería hablar de su generosidad, de su tremendo amor por la vida, por los suyos. Tal vez recalcar su magnetismo. Es curioso, ayer hablé con la fisio que le estuvo atendiendo hasta el final, Úrsula, y me decía que muchas veces había intentado saber cómo hacía Pablo para que toda persona que le viera por primera vez se enamorara de él a los cinco minutos de haberle conocido. Llegamos a la conclusión de que era un magnetismo especial, un carisma con el que se nace y que se cultiva con valores extraordinarios y sencillos. Todo el mundo le adoraba, el tanatorio fue una muestra de ello, más de 200 personas reunidas por mi marido, por su cariño hacia él. 
Antes de conocerle compartíamos profesión y círculo de compañeros y amigos. Jamás, jamás, oí a nadie hablar mal de él. Es más, a mí me caía un poco mal sin conocerle porque pensaba, qué pedante debe ser este tío, tal y cómo le ponen todos de bien, se lo debe tener de un creído… pues no, él era un chico de barrio que nunca asumió bien tanto reconocimiento. Sabía ponerse al nivel de todo aquel que le hablara, no hacía sentir mal a nadie a pesar de que era más culto que cualquiera, mejor discutidor y narrador que nadie… pero él sabía cómo hablar con los del barrio y cómo hacerlo con las autoridades que le concedían premios por su trabajo. Y sin hacer ningún esfuerzo, era algo natural en él. Una de las millones de cosas que siempre le admiré.
Mi madre siempre decía de él que era un hombre maravilloso que sabía cuándo tenía que hablar y cuándo callar, cuándo hacer un chiste y cuando estrechar una mano… Y eso lo dijo tras conocerle la primera vez. Luego se fue enamorando de él, como todos. Su amiga y compañera guionista Lupe, siempre que nos juntábamos en cenas, fiestas y demás, se acercaba a mí y me decía la suerte que tenía por haberme llevado al último caballero del mundo actual. Y es que lo era, un perfecto caballero, un don Quijote siempre luchando por las causas que consideraba justas, íntegro, con sus valores bien afianzados, dividiendo la vida en lo que estaba bien y lo que estaba mal, pero sin juzgar a nadie por sus actos. 
Un perfecto caballero que cada 12 de diciembre, mi cumpleaños, me hacía abrir mis regalos justo a las 00:00, dádivas con las que siempre -siempre- acertaba. Porque sabía escuchar, observar, ver en mis ojos el deseo por un objeto en un escaparate, notar que escuchaba una canción más que las demás, que mi ordenador iba mal o que necesitaba una chaqueta. Al día siguiente siempre tenía un ramo de flores para celebrar que había cumplido un año más y que estábamos juntos. 
El de este año ha sido el primer cumpleaños que he pasado sin regalos a medianoche y sin un mensajero en mi puerta con un ramo. Y duele, mucho, muchísimo… no me veo capaz de explicar la angustia que muy a menudo se adueña de mi estómago, lo aprieta como si fuera una mano invisible que se va cerrando alrededor de mi cintura hasta que el dolor no puede aguantar más y sube a la garganta, dejándome sin respiración. Es un dolor que literalmente te dobla, hace que te agarres la tripa y eches tu torso hacia delante para finalmente caer en el suelo, en el sofá, en la cama…
Mi marido me mandaba flores muy a menudo porque sí, con tarjetas maravillosas (era guionista, tenía facilidad, claro) Me mimaba, me consentía. Recuerdo que cuando comenzó esta maldita enfermedad yo no tuve ninguna duda de lo que iba a hacer, me iba a quedar con él hasta el final. Nunca he flaqueado en esa decisión. He sufrido, he llorado, he necesitado huir un rato, pero nunca, nunca, nunca, jamás he pensado en irme. Mi madre, también al principio, un día habló conmigo claramente y me preguntó si iba a ser capaz de soportarlo, que era mejor que lo dejara ahora que más adelante cuando él estuviera más indefenso. Mi respuesta fue clara y la tengo grabada: “no me voy a ir, él siempre me ha tratado como una reina, me he sentido como la mejor mujer del mundo, he tenido todo lo que he querido junto a él, en el momento en el que comenzaba a decir que tenía sed, él ya se había levantado a por un vaso de agua. Ahora me toca a mí levantarme a por lo que haga falta”
Podría hablar de lo bueno (viajes, caricias, miradas, amor infinito) durante siglos, de mi boda con él ya en silla de ruedas, de cómo si repaso esas fotos voy a ver amor en su máxima expresión, en su mirada tan limpia y que tanto decía y transmitía. Porque yo puedo decir que he vivido un AMOR con mayúsculas, antes y sobre todo durante la enfermedad. La entrega y la generosidad que hemos tenido el uno con el otro durante estos cuatro durísimos año ha sido digna de las mejores personas del mundo. Perdonad que me autoalabe así, pero es que yo he dado mi vida entera en este tiempo y él ha sido el enfermo más generoso y amoroso que pueda existir. Poquísimas quejas, siempre preocupado por mí y mi bienestar, animándome a salir, a tomar aire. Apoyándome en mis locos propósitos de aprender ganchillo y costura, haciéndome creer en mí, subiendo mi autoestima, consiguiendo que me considerara una mujer maravillosa, válida para cualquier cosa, fuerte… su mujer, la que él había elegido por todo ello.
Porque para él yo representaba todo lo que le gustaba en una persona. Me lo decía su boca y su voz mientras la conservó, me lo decían sus manos y sus caricias mientras me pudo tocar, y al final, me lo decía su ordenador, el que sustituía su voz y él manejaba con la pupila de los ojos. Todos los días nos decíamos lo mucho que nos queríamos, lo importantes que éramos el uno para el otro: “te quiero tanto, morenita, mucho más de lo crees” “Pablo, mi amor, si supieras cuánto te quiero” “Pequeñita, eres mi mundo, mis pies y mis manos”… y así todos los días, todas las noches, sabiendo que nuestro tiempo era limitado y teníamos que condensar nuestras muestras de cariño en los días que nos quedaban…
También debería hablar de sus últimos días, de cómo se fue con la generosidad y la paz que siempre le acompañó, murió rodeado de todos los que quería, con su música puesta, en su cama de enfermo de los últimos años, en casa… Nos dio tiempo a decirnos un último te quiero, yo con la voz, él con su mirada…
Pero no puedo hablar más, no puedo seguir pensando ahora mismo en todo esto porque me hundo, me sumerjo en las sombras negras, en la niebla que me rodea, lloro sin parar, echo de menos su presencia cada momento, cada instante, todo me recuerda a él, la comida, las series, mi perro, la música (incapaz de escucharla sin llorar desde que él se fue), un paseo por la calle, una hoja que cae… Todo es él, todo me recuerda a lo que vivimos o a lo que podríamos estar viviendo. No tengo ni siquiera el consuelo de que ya no sufre, que está descansando… Sé que es así, pero para mí el duelo empezó el día que nos comunicaron la maldita enfermedad. Hace años que no recibo un beso de pasión de la persona que más quiero y he querido en el mundo, una caricia… Es durísimo vivir así, sí, pero por lo menos tenía su presencia y yo le acariciaba y le besaba por los dos… Tenía que irse, sí, pero yo aún quiero que esté aquí, quiero retroceder 11 años y volver al momento en el que nos conocimos, quiero que esté, que esté sano y a mi lado, joder, lo quiero con tanta fuerza que eso también duele.
Por último, me gustaría terminar pidiendo ayuda para los que quedan. Las enfermedades raras son raras, entre otro montón de cosas, porque nos da miedo acercarnos a ellas y ver lo que nos podría pasar. Porque nos podría pasar a cualquiera, mirad mi ejemplo, nosotros no éramos factor de riesgo de nada, absolutamente de nada, y nos tocó la lotería al revés. ¿Vosotros os creéis más especiales, pensáis que a vosotros sí que no os va a pasar nunca nada de esto? Ojalá, os lo deseo de corazón, pero por vosotros, por los que vendrán y por los que ya están, si podéis donar de vez en cuando aunque sea un euro a alguna asociación que os conmueva, a algún hospital… Si podéis ayudar de alguna manera, os aseguro que estaréis contribuyendo a que otras personas no pasen por lo que hemos pasado nosotros.
Por mi parte, os dejo las cuentas de FUNDELA, entidad encargada de la investigación para dar la cura de esta enfermedad tan terrible, la asesina ELA. Hacedlo por los enfermos y, si podéis, pensando un poquito en Pablo, en un pequeño homenaje hacia él… os lo agradecería mucho.
Foto: Has tu donación para apoyar a la investigación de la #ELA en los siguientes números de cuenta: #STOPELA
Pablo, amor mío, te quiero. Has sido el amor de mi vida y, aunque algún día la rehaga, sé que lo seguirás siendo. No me veo incapaz de volver a querer a alguien, pero sí a volver a sentir ese AMOR mayúsculo que he sentido contigo y todavía siento. Descansa, mi héroe, que te lo has merecido. Y gracias por tu ejemplo de dignidad, de cómo llevar la adversidad siempre con una sonrisa y preocupándote por todos los que te rodean. Te adoro y te admiro.

21 respuestas a “Pablo, mi amor, te echo de menos (por Ana)

  1. Hola Yolanda… las gracias las tengo que dar yo por todo lo que nos habéis ayudado, de verdad… Han pasado meses y aún se me pone la piel de gallina pensando en todo el apoyo que tuvimos, en como estuvistéis a nuestro lado y nos apoyastéis… De verdad, como le digo a Pilar más arriba, la enfermera del Carlos III, para mí sois verdaderos heroes y heroinas, vuestro trabajo es tan duro, tan difícil… que me gustaría haceros ver lo gratificante que es para los que nos encontramos en una situación límite… Sin vosotros, Pablo y yo nos hubieramos hundido, y vuestra mano fue la que nos ayudó a seguir…
    Gracias, Yolanda, y hazlo extensivo a todos los de ADELA, que tan bien nos han tratado siempre… Un beso…

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  2. Pilar, tu comentario también me ha hecho soltar lagrimillas… Y es que para mí es muy importante viniendo de ti, de personas que han estado tan cerca de nosotros en estos malos momentos. Con la muerte, me advertistéis, llegan las dudas, la culpabilidad, etc… y así es… por lo que leer palabras como las que tú me has escrito me hacen muchísimo bien. Espero de verdad poderle haber ayudado en todos estos años, haberle hecho un pelín feliz dentro de la fatalidad y haberle podido mostrar todo mi amor.

    No tengo palabras para agradeceros todo lo que habéis hecho por él, hacerle sentir el preferido de la unidad, tan querido, tan mimado… Os adoraba, de verdad, os tenía un cariño inmenso… Y a mí, ya lo sabéis, lo he dicho por activa y por pasiva e incluso lo he escrito, a mí me habéis servido de salvavidas, de mano amiga, de consuelo y de amistad. Gracias, gracias, y mil veces gracias. Cuando una enfermedad es mortal, la medicación y los cuidados básicos pasan a un segundo plano, lo que queda es el trato humano, el respeto hacia el enfermo, el amor que se pone en cada cosa que se le diga aunque sea dura, aunque duela como nada en el mundo… Y eso, vosotros, lo hacéis de cojones, con perdón. Sois personas tan extraordinarias… Yo nunca he sido muy mitómana, pero si tengo que admirar a alguien, es a vosotros, conviviendo día a día con la enfermedad, el dolor, la muerte… y siempre con la sonrisa precisa, con el trato adecuado (lo de tratar a los enfermos como a niños es el horror) con esos labios pintados de rojo que te marcas y que siempre sonríen por muy duro que esté siendo el día.
    Sois verdaderos heróes, luchando contra recortes, adversidades, personas poco amables, familiares cabrearos, injusticias… Y dando a los enfermos lo que necesitan, que se les trate como seres humanos completos, una mano en la que refugiarse, un beso verdadero, de los que resuenan y dejan marca de pintalabios o cosquilleo de barba…
    Os quiero mucho, de verdad, os admiro hasta el límite y os quiero muchísimo… Espero que algún día todos podamos sonreír porque vuestro trabajo sea más amable, sea administrar la cura de esta maldita enfermedad a los afectados. Mientras, me quedo tranquila, sé que hicistéis por Pablo todo lo que pudisteis y más y que los que quedan, por desgracia un montón, se quedan en buenas manos.
    Después de Navidades iré a visitaros, no os quiero perder la pista.

    Un beso enorme Pilar, la enfermera con la voz más bonita del mundo, con los labios rojos más sonrientes del planeta y con un corazón que se le sale del pecho

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  3. Efectivamente, soy muy afortunada por muchísimas cosas, entre ellas, haber amado y sido amada de esta manera, pero eso no cura el dolor… simplemente hace que te puedas apoyar en recuerdos, en personas y en el mismo amor, pero el dolor es inmenso…

    Gracias, Alter, por estar siempre por aquí y por tus palabras…

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  4. Me cuidan, y mucho, de verdad… Lo digo cada día, y los que me conocen lo saben, soy una mujer muy muy afortunada dentro de la inmensa desgracia. Tengo una red familiar y amistosa (que se ha convertido en familia también) que vale todo el dinero y todo el poder del mundo. Estoy encantada con mi vida, con ellos, y si he podido con los cuatro años de enfermedad y estoy más o menos fuerte ahora es gracias a ellos…

    Lo de la magia, pues eso, que yo nunca he creído en señales, pero desde el día que murió Pablo he decidido estar más atenta, por si acaso… Y te puedo asegurar que ya he encontrado un montón de ellas. Todas, supongo que una fácil explicación, pero, ¿a quién molesto si pienso que este maravilloso tiempo que hace en Madrid nos lo ha encargado mi marido para que estemos un poco menos tristes?

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  5. Ana guapa, los que hemos tenido la suerte de conocer a Pablo y conocerte a tí, damos fe de ese amor y de esa complicidad que transmitíais. Entiendo que todas las palabras de consuelo son pocas para estos duros momentos que estás pasando, pero estoy segura de que con el tiempo recordarás los todo lo estupendo que has vivido con él y en tu rostro aparecerá una sonrisa recordando esos cumpleñaos y esos detalles maravillosos que tenía contigo. Leer tus palabras me ha producido un nudo en la garganta y se me ha escapado alguna lagrimilla que otra pero también cierta “envidia sana” al imaginarme esas escenas que tú describes tan minuciosamente y que toda mujer quiere vivir y experimentar alguna vez, sentirse querida, amada, elogiada…..Puedes sentirte orgullosa de lo feliz que os habéis hecho mutuamente y de lo bien que le has cuidado y mimado hasta el final. Yo por mi parte sólo decirte que os echo de menos a los dos, a él con su mirada y su serenidad y a tí con tu conversación siempre afable y esa sonrisa contagiosa que espero puedas recuperar pronto. Un beso enorme para Pabo, allí donde esté y a tí, Ana la mujer de Pablo.
    Pilar Carbajo

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  6. Pues yo creo que es que el alma de Pablo suena a Bowie… y hay mucha alma de Pablo en este post. Normal que te haya venido a la cabeza.
    Space Oddity es una de mis canciones favoritas, y lo es gracias a él.
    Espero que haya muchos más ratos estupendos entre nosotros, Bero, es una suerte coincidir con gente tan maja como vosotros. Un besazo!

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  7. Esta mañana, mientras tomaba mi primer café antes de despertar a los niños, me escribe Isa y me deja el enlace de “Una de Bowie para Pablo” que publicó en su memoria en “Canciones de buen rollo”. Me quedo helada, pienso “Joder, yo no había leído eso”, incluso sentí cierta vergüenza, pensé: parece que lo he copiado de su blog. Luego… durante la mañana, me he dado cuenta de que es posible que lo hubiera leído, de que tal vez, estuviera por ahí rondando en mi inconsciente. El caso es que… me ha parecido incluso casi… mágico.

    Ayer, vi “La vida secreta de Walter Mitty” , donde se habla de Space Oddity, eso me llevó a obsesionarme con esa canción, no tengo ni idea de por qué, y escucharla un montón de veces, y pensaba en alguien que se iba para siempre, en muerte. Tal vez pensaba en mi padre, que aunque sigue vivo, su cabecita le abondonó hace muchos años, siendo yo demasiado, demasiado joven, llevándose con él al padre que me enseñó tanto y que hoy… apenas es capaz de reconocerme, así es el Alzheimer. Así que a la noche, al leer tu entrada y leer tu post, mientras escuchaba Space Oddity de nuevo, no pude dejar de volver a encontratr una relación con “perder a alguien”, a un Major Tom.

    He tenido el placer de conocer a Isa y a Manu personalmente, aprovecho para agradecerles su generosidad y ese buen rato que nos hicieron pasar hace poco en Madrid a mi y a mi marido, y las risas compartidas en Donosti junto conmigo y Merche y Oliver, otras dos personas que mi marido y yo hemos conocido en las redes y se han convertido en muy buenos amigos de ambos en la vida real. Y es que… uno va encontrando tesoros en todas partes. Como tu entrada, y esta coincidencia al rededor de Pablo y David Bowie, casi mágica.

    Esta mañana le decía a Isa: “Parece una mujer muy fuerte, cuidadla mucho”, pero ya sé que lo hacen, y eso es un tesoro.

    Un fuerte abrazo!

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  8. Sí supieras lo que ha significado tu mensaje para mí… tengo todavía los pelos de punta… Verás, cuando Pablo murió, Manu puso ese mismo fragmento de la canción en mi muro… Pablo adoraba a Bowie, era su referente musical, su ídolo… Le despedimos en la sala de cremación con las notas y la voz de Bowie en su Life on Mars… Yo, Space Oddity supongo que la habré oído alguna vez, pero no la tenía entre mis canciones favoritas, ni la recordaba. Pues a los pocos días del fallecimiento, pusé spotify y me saltó esta canción. Te juro que no la tenía en ninguna lista, que nunca la había oído en spoty, que era imposible que estuviera allí… Pues fue la primera que apareció. No creo en señales ni en fantasmas ni en nada por el estilo, pero aqullo me heló la sangre… Y ahora tú dices que sin saber por qué te has puesto a escucharla y a pensar en la muerte… Es, cuanto menos, una casualidad curiosa…

    Muchas gracias por el ánimo, por el abrazo y por emocionarte. Ojala a nadie que conozco le vuelva a tocar la lotería al revés, pero como bien dices, perder forma parte de vivir. Otro abrazo fuerte para ti…

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  9. Por razones que yo misma no sé explicar, hoy he escuchado varias veces Space Oddity, esa maravilla de canción. Cuentan que Bowie la compuso pensando en Syd Barret, en alusión a su problema con las drogas y el despegue absoluto de la realidad. Pero no se por qué, yo pensaba en la muerte. Una parte de la canción dice algo así como

    “Aunque estoy a 160.000 kilómetros [aprox.]
    me siento muy tranquilo
    y creo que mi nave conoce el camino
    Decidle a mi mujer que la quiero mucho,
    como ya sabe”

    No he conocido a Pablo, tampoco te he conocido a ti, Ana, apenas hemos cruzado alguna vez unas palabras en tuiter, pero no es necesario conoceros para emocionarse con tus líneas y para admirar vuestra lucha y vuestro amor, y para que a una le entren unas ganas infinitas de transmitirte fuerza. Y… de darte las gracias por tener la genorisad de compartir tu dolor y hacernos pensar, porque sí, las loterías al revés también tocan. Además creo que lo hacen siempre, a cada uno de manera diferente, más o menos aparatosa, pero perder forma parte de vivir. Suerte que, que también creo que tocan siempre las loterías al derecho, en forma de buenos amigos y amores eternos. Así que… hacia adelante Ana.

    Siento el tan largo comentario, pero me han emocionado mucho tus palabras. De alguna manera, te acompaño en tu dolor. Un fuerte abrazo, para ti y para tu “Major Tom”, esté donde esté.

    Verónica

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  10. Yo también te quiero amiga, y como también te he dicho mil veces, te agradezco hasta la extenuación que estés a mi lado siempre, sobre todo en estos momentos… Creo que no hubiera podido sobrevivir a los primeros días sin vosotros cogiéndome literalmente de la mano, cuidándome y dándome tanto amor… Nunca olvidaré que de las primeras personas a las que me abracé tras acabar la ceremonia de cremación fue a ti… Muchísimas gracias una y mil veces…

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  11. No puedo decirte nada que no te haya dicho ya mil veces… Que te admiro a ti y admiraba a Pablo, que admiro vuestro amor y que aunque no te consuele lo más mínimo, tenerte cerca me hace mejor persona. Habéis sufrido el paradigma de la injusticia divina, dando una lección de dignidad acojonante. Te quiero, amiga.

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  12. Gracias, Manu…

    Sí, ha sido una verdadera suerte cruzarme en su vida y que el alborotara la mía… Todo ello tiene un precio, supongo, que es sufrir un pelín más de lo normal, pero no cambio mi vida por nada, ni aún sabiendo el final…

    Un besazo

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  13. Pues sí, Carol, es una rabia que no os conocieráis, porque además hubieráis congeniado enseguida… además de todo, Pablo era un maestro en música pop de todos los tiempos, era como una enciclopedia andante (Isa te lo puede confirmar) así que ya habriáis tenido algo en común. Os hubieráis encantado, seguro…

    Y en cuanto al amor verdadero, con eso me quedo, es el único consuelo que tengo, el saber que he sentido algo especial y que me he sentido querida y protegida… Es un legado nada desdeñable, la verdad…

    Gracias por el abrazo. Lo cojo y te estrujo un poco, que me hace falta

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  14. Ana… no sé casi ni qué decir…

    Mira, solía pensar: “Menos mal que no he conocido a Pablo, porque me dolería mucho más”. Pero ahora me da mucha rabia y mucha pena haberme perdido a una persona tan especial.

    Mi admiración hacia los dos por la fortaleza que habéis demostrado todos estos años y por ese amor tan grande. Mucha gente pasa por la vida sin descubrir nunca el amor verdadero. Puedes considerarte muy afortunada por haber vivido una historia tan bonita. Un abrazo, amiga.

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