¡Bienvenidas, pequeñas! (por Ana)

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En estas dos últimas semanas han dado a luz dos amigas de las que he seguido el embarazo muy de cerca. Sus retoños son dos hermosas bebés de nombre Lola y Noemí. Son un encanto, una maravilla, de esos recién nacidos bonitos que parece que hayan salido ya completamente formados, no de estos arrugaditos, con pelos por todas partes y con un color indefinido, no, rosaditas, preciosas, unas princesitas de cuento.
Sólo he tomado en brazos a Lola, a Noemí aún no la conozco, solo por foto, pero a Lola la apretujé bien, la sobé, la besé, la fotografié (pienso hacer lo mismo con la otra en cuanto la madre se descuide un poco, aviso) y me sentí… no sé cómo me sentí. La pequeña es la hija de una de mis mejores amigas, una de las que han estado junto a mí, agarrando mi mano en momentos difíciles, literalmente sosteniéndome en el último adiós, siempre conmigo y en este último año tan dramático, más todavía. Por ello he vivido su embarazo con muchísima ilusión. Para mí, Lola (luego Noemí) ha sido ese aliento de vida que me hacía falta. Confirmar que el mundo seguía rodando, que mi desgracia no iba a hacer que el sol se ocultase para siempre o los autobuses dejaran de circular o los relojes de dar la hora. Cuando muere alguien muy querido, o al menos a mí me ha pasado y he constatado que a algunas personas más, lo único que deseas es que todo se detenga. Te parece absurdo que la gente se levante por la mañana si él no está, que la misma panadera siga vendiendo el mismo pan, que el metro en el que él iba siga haciendo el mismo recorrido. Y lo que peor llevas en ese momento de dolor es que ello te obliga a ti a seguir adelante.
Por ello, cuando una nueva vida está en camino, la sensación es extraña. Piensas en lo mucho que a él le hubiera gustado conocer a su “sobrina postiza”,  en que te hubiera encantado tener hijos con él, en lo rara que es la vida que te da y te quita, pero también, de alguna manera, es un rayo de esperanza, una ilusión y una felicidad, unas ganas de que ese embarazo vaya bien y por fin le veas la carita.
Todo eso sentí durante el embarazo de mi amiga. El día que su pareja nos comunicó que ya había nacido la pequeña, os juro, y me da un poco de vergüenza confesarlo, que se me saltaron las lágrimas. Era alegría, emoción, todo mezclado como en un buen cóctel. Lloriqueé un rato sola en casa y me tome una cerveza  y alcé mi botellín hacía el bar particular en el que él me espera y, de repente, me sentí muy bien.
Al día siguiente fui a conocer a la enanita y la tomé en brazos. Le hablé (intenté hacerlo bajito para no asustarla, ya que yo, como buena sorda, tiendo a hablar bastante alto) y la bese, la acaricié, la estrujé un poquito. Ni siquiera su madre lo sabe y se estará enterando ahora, pero muy muy bajito, le desee una vida plena, que no tenga que pasar nunca por algo parecido a lo que su tío y su tía postizos han pasado, que se convierta en la demostración de que en este mundo una persona puede ser feliz plenamente. Podría decir que recé por ella, pero yo no creo en nada superior, simplemente la apreté fuerte y le quise transmitir todo mi amor y mis mejores deseos.  Es lo mismo que hice con mi sobrina de sangre el día que la sostuve como madrina para bautizarla. No me importaba el agua bendita, solo darle mi personal bendición. Puede parecer una tontería, pero para mí, en las dos ocasiones, ha sido algo trascendental y casi tribal, de transmisión…
Y cuando vea a Noemí, pienso hacer lo mismo. Quiero que mis niños y niñas (tengo unos cuantos alrededor a los que quiero con el alma) sigan siendo ese rayo de esperanza que han sido para mí el día de su nacimiento.
Y a la madre y al padre de Lola decirle que gracias por permitirme ese momento con su hija recién nacida, gracias por haberme hecho sentir tan bien en estos tiempos tan amargos, gracias por traer esa preciosa niña a la vida. Sé que va a ser muy feliz, no solo porque yo se lo haya deseado, es que con esos padres y ese hermano es imposible no serlo. Os quiero a todos
Rosalía, prepara el babero para mí y dame cita para ver a Noemí, que muero de ganaaaasssss…

14 respuestas a “¡Bienvenidas, pequeñas! (por Ana)

  1. La vida es un carrusel de contrastes. Hace poco conocía una noticia muy triste. Lola nació unas dos semanas después.

    Aunque El Corte Inglés no es un lugar dado a los sentimentalismos, se me saltaron las lágrimas comprando el regalo de la nena. “Es que estoy agotada”, acerté a decirle a la dependienta. No era eso. Es emocionante que una nueva vida se abra paso en este mundo nuestro tan revuelto a veces. Es una maravilla, un pequeño milagro. Bienvenida Lola y espero verte de nuevo en septiembre y poder cogerte. Fue imposible al conocerte, dormías tan plácidamente, pero me quede con las ganas. Bienvenida también Noemí.

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  2. Yo también te quiero, amiga… y no me tienes que dar las gracias, las cosas que salen del corazón suelen ser compartidas, así que no hay nada que agradecer… Un besazo y otro achuchón enorme a Noemí…

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  3. Yo flipo con lo de que son diminutos… cuando hago ropita para ellos siempre pienso que me está quedando enano y que no se lo van a poder poner… y al final siempre les queda grande… es que es alucinante…

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  4. Bienvenidas a esas dos pequeñas (qué diminutos son los bebes recién nacidos, es alucinante como se te olvidan estas cosas). Con esas mamás tan fantásticas que tienen ellas serán seguro grandes mujeres de futuro. Sin quitar mérito a los papás claro 🙂 Besos para las dos familias al completo!!

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  5. Gracias Ana, por hacerme saber que mis sobrinos van a tener a una tía postiza tan estupenda a su lado para que su vida sea plena y llena de amor. Son afortunados. De su tía carnal. Mil besos.

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  6. Ay Ana… me he emocionado mucho. Puedes coger, sobar y apretujar a Lola todo lo que quieras. Sé que ella está feliz de tener una tía postiza como tú… ¡Para no estarlo!

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