El clamoroso silencio (por Carol)

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Todavía no ha cesado el goteo de mujeres que acusan al todopoderoso productor Harvey Weinstein de abusos sexuales y violaciones y ya tenemos a una nueva rata de cloaca en la palestra informativa. Terry Richardson, reputadísimo fotógrafo de moda, ha sido vetado en todas las publicaciones del grupo Condé Nast (editor de Vogue o Vanity Fair, entre otras) por las acusaciones de abusos sexuales por parte de numerosas modelos que trabajaron con el sujeto.

“Terry Richardson es un artista conocido por su trabajo sexualmente explícito, por lo que la interacción profesional con sus modelos es, en consecuencia, sexualmente explícita por naturaleza, pero todos participaron de manera consensuada”, alega su representante en un comunicado. Que viene a ser algo así como decir que las modelos son tontas, como todo el mundo sabe, y las pobres no saben distinguir entre exigencias profesionales y un abuso en toda regla.

La opinión que nos merezca la obra de Richardson ─que incluye, por citar un ejemplo bien conocido, el videoclip del ‘Wrecking Ball’ de Miley Cyrus─ es irrelevante. Puedes elegir el camino de la provocación e incluso del mal gusto, si quieres, y eso es perfectamente lícito en el arte. No lo es que aproveches tu posición de poder para forzar a las modelos (mucho más jóvenes e inexpertas que él, claro está) a trabajar bajo unas circunstancias que, obviamente, ni les agradan ni les parecen el colmo de la expresión artística. Si tenéis curiosidad, podéis leer en este reportaje varios testimonios en los que queda bastante claro que ellas no participaban en el juego “de manera consensuada”.

Al hilo del escándalo Weinstein (que, dicho sea de paso, los medios de comunicación carroñeros están exprimiendo al máximo) no han dejado de emerger nuevos y lamentables testimonios de abusos en el cine español e incluso en el Europarlamento. Por desgracia, no sorprenden. Es frecuente la figura del jefe repugnante que trata de sacar partido de su posición para acostarse con sus subordinadas y que responde con represalias si no lo consigue. Seguro que todas y todos (y apelo deliberadamente a ambos sexos) conocemos algún caso de acoso laboral, sea vivido en primera persona o por alguien cercano. Y si esto es así en una oficina cualquiera, imaginemos cómo será en el mundo del espectáculo, con un montón de jóvenes deseosas de abrirse camino: carne de cañón para productores y ejecutivos sin escrúpulos. Una historia más vieja que el sol.

Pero lo que más me alucina de estos casos es que ¡eran un secreto a voces! El tema de Richardson viene coleando desde hace años, aunque sólo ahora algunas firmas empiezan a retirarle su apoyo. No tanto por integridad moral, claro, sino para desvincularse de tan turbio asunto. Y lo Weinstein, ni os cuento: ahora, de pronto, todos admiten que sí, que estaban al tanto de los ataques de este miserable a las actrices. Algunas célebres, como Angelina Jolie, Ashley Judd o Lena Headey, pero cuántas más habrá que sean anónimas, que no han encontrado un altavoz para contarlo o que no se han atrevido.

“Todo el puto mundo lo sabía”, ha confesado Scott Rosenberg, guionista de Beautiful Girls o Alta Fidelidad. “Al final, yo también fui un cómplice. No dije una mierda. No hice una mierda. Harvey no fue otra cosa que maravilloso conmigo, así que cogí mis recompensas y mantuve la boca cerrada. Y por eso, una vez más, lo siento”, admite Rosenberg. En efecto, tan cómplice como Colin Firth, Matt Damon, Quentin Tarantino, incluso Jane Fonda, así como un largo etcétera de nombres que sabían, pero optaron por no abrir la boca. Quizá por miedo, porque enfrentarse al intocable capo de Hollywood podría significar el final de sus carreras. Quizá porque se lo pasaban cañón bebiendo champán en las fiestas de su amiguete Harvey. Alguno pensaría que total, las actrices están para eso y todas tienen que pasar por el aro.

Sea como fuere, todos callaron. “Todos rieron el chiste”, escribe en su columna Elvira Lindo. Como decía la Im-perfecta Isa en este post: “¿Hasta qué punto es bueno quien permanece impasible ante algo malo, quien no reacciona a las injusticias?”. Puedo imaginar el horror las mujeres que pasaron por esas situaciones, que guardaron durante años para ellas por temor a las represalias y/o que nadie las creyera, por vergüenza, por no arruinar sus carreras. Y mientras tanto, los harveys y terrys de la vida siguiendo con sus tropelías en medio de un clamoroso silencio.

Carol es periodista (cuando puede) y co-bloguera feliz en Canciones de Buen Rollo. Dice que le gusta lo mismo que a todo el mundo: irse de vacaciones, comer y beber bien y dormir sin despertador. Devota del rock and roll y del cine en V.O., se transforma en Hulk cuando la gente habla o come ruidosamente en la sala. Entusiasta, aunque infiel, lectora de tebeos y tía postiza de un puñado de niños y niñas muy molones.


12 respuestas a “El clamoroso silencio (por Carol)

  1. El sometimiento sexual de la mujer existe desde la Prehistoria. La fuerza siempre se ha impuesto y se ha justificado sin engorro. Por eso me parece todo un gol que por fin se alce la voz sobre el tema, que salgan a la luz este tipo de casos y que se repudie públicamente a los culpables. Es el principio del fin, y es una buena noticia.

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      1. Algunos cambios sociales no llegan a producirse nunca. Solo hace falta darse una vuelta por África, Asia y las partes menos favorecidas de Europa y el continente americano…

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  2. Estoy muy de acuerdo contigo, mirar para otro lado es ser cómplice y en este caso hay de demasiados cómplices. Repugnante. Ojalá sirva de verdad para dar visibilidad es una realidad que debería estar extinguida y visto lo visto, parece bastante frecuente. Acoso sexual como tal no he vivido ni conozco ningún caso que me hayan contado de primera mano, pero si he presenciado mas veces de las que me gustaría comentarios sexistas en un entorno de trabajo.

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    1. Uf, los comentarios sexistas y los chistecitos machistas… Y como no te rías encima eres una siesa. Me parece que en los últimos años este clima va cambiando poco a poco y ya incluso muchos hombres se sienten abochornados cuando escuchan de otro compañero un comentario de ese tipo. Pero… ¡qué lento va todo!

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  3. Lo comentaba justo el otro día con mi chico. O sea, se supone que son cosas que llevan pasando desde hace décadas y ahora de repente todo el mundo habla. ¿Qué pasaba antes? El silencio en estas cosas, efectivamente, es complicidad. Me da a mí, como dices, que ahora los que hablan es porque no quieren verse envueltos en el embrollo. Besotes!!!

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    1. Quisiera creer en las palabras de muchas personas que han admitido sentirse avergonzadas y culpables por su silencio y que, tal vez, esto servirá para que las cosas empiecen a ser distintas. Pero como bien dices, el silencio es complicidad y el gesto repentino de alzar la voz y de vetar y cesar en sus cargos a estos individuos no parece dictado por la ética, sino por otros intereses.
      ¡Gracias por comentar, besos de vuelta!

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  4. Secretos a voces. Como el acoso a cualquier mujer. Preguntad a vuestras amigas, hermanas, compañeras. ¿Quién no ha sufrido un episodio? Es una sociedad enferma

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  5. Todo este tema es horroroso y lamentable.

    Estos tipejos se aprovechan, como dices, de su posición de poder para extralimitar su relación laboral. En el mundo del espectáculo, imagino que aún será peor, con cuatro magnates controlando el cotarro y con poder suficiente como para que no vuelvas a trabajar para ninguno de ellos.

    Pero me parece especialmente lamentable que antes que ponerse de parte de las víctimas, aún ahora, hay quién disculpa a su amigote, o da pie a declaraciones confusas como las de Woody Allen, perdiendo una oportunidad más para quedarse calladitos.

    Anoche mismo, en el Ministerio del Tiempo, un director de TVE de los años sesenta preguntaba a una aspirante a secretaria si estaba casada o tenía novio. Me recordó a este caso a modo de guiño a prácticas habituales, no sólo en las entrevistas, si no más concretamente en televisión.

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    1. Cierto. Siempre hay quien disculpa al delincuente. La salida de Woody Allen (y mira que le quiero) fue, como mínimo, desafortunada. No puedes comparar el sufrimiento de las víctimas con el del agresor, que obviamente ahora lamenta muchísimo lo ocurrido, básicamente porque le han trincado.
      Gracias por recordarme un apunte: he hablado del silencio cobarde o cómplice, pero no de los casos de valentía, como el memorable gesto de Carrie Fisher enviándole una lengua de vaca a un baboso que acosó a una amiga. ¡Si por algo es la Princesa Leia! 😀 http://www.fotogramas.es/Noticias-cine/Carrie-Fisher-lengua-vaca-productor-acosador

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