Despedida y tributo a una mochila (por Isa)

Ya. Ya sé que suena a chufla… pero a riesgo de parecer Pocholo le quiero hacer un homenaje a mi mochila, a la que le dije adiós por última vez el viernes pasado mientras veía como un yonqui cargaba con ella a duras penas desde la esquina de una calle donde la dejé a su suerte.

El comienzo de nuestra amistad se remonta a 2003, cuando asumí que las maletas con ruedas estaban vetadas a determinado tipo de viajes, y nuestro primer destino juntas fue México. Allí adquirió el olor a cochinita pibil, a cilantro y a chile, que ninguna de las múltiples lavadoras por las que ha pasado ha conseguido eliminar del todo.

Después de México vinieron destinos de lo más variopintos: Cuba, Siria, Jordania, Tailandia, Turquía, Corea, Sicilia, Marruecos, Tanzania, Túnez, China, India, Perú, Bolivia, Japón, Egipto, Camboya, Vietnam… que le fueron aportando olores, colores y cicatrices a su piel de loneta roja y gris.

No sólo sufrió el maltrato habitual en el manejo aeroportuario al que tan acostumbradas están las samsonite y otros equipajes de castas más favorecidas. Mi mochila afrontó con valentía los avatares de humo y grasa en destartalados furgones averiados cruzando el tercer mundo, largas horas en la polvorienta recamara de autocares peruanos y mexicanos…

Pero también ha vivido trepidantes aventuras a ritmo de salsa en bicitaxis cubanos, trotes frenéticos en los tuc-tucs tailandeses, en avioneta sobre las misteriosas líneas de Nasca, en el avispero de motocicletas saigonesas, en jeep por la sabana africana, en la litera de desesperantes trenes recorriendo la estepa china o vertiginosos trenes-bala en el futurista Japón, a lomos de algún dromedario soñoliento o sobre un elefante altivo… Plácidas travesías en románticas faluyas surcando el Nilo o en crucero de ensueño por la Bahía de Halong.
A mi mochila roja de 55 litros de capacidad siempre le eché en falta una cremallera vertical, aunque con el tiempo fuese adquiriendo la destreza de tener el rincón idóneo para conservar secas y seguras mis prensas íntimas. Con la precisión y funcionalidad de un armario de diseño sueco, disponía de un departamento para las botas de montaña, otro para las chanclas de plástico, el del chubasquero, el de la ropa de abrigo, el del neceser con lo básico, hasta el de los recuerdos frágiles…

El que no será frágil es el recuerdo de su tacto firme y de su compañía protectora de caparazón de tortuga. Gracias a ella he tenido la oportunidad de introducirme en un estilo de viajar intenso y envolvente, del que sé que ya formo parte de por vida.

RIP

16 respuestas a “Despedida y tributo a una mochila (por Isa)

  1. Pese a su fin, en otra vida quiero ser tu mochila!!
    (suponiendo que en otra vida tu sigues siendo mochilera, porque si te haces monja de clausura, paso de ir una vez al año a tu pueblo)

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  2. Joer, Arantxa… qué gráfico!

    Quiero pensar que mi vieja mochila vivirá también experiencias distintas más propias de su bagaje y que recordará con nostalgia los momentos vividos, como lo hago yo.

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  3. Querías a tu mochila. Y te deshaces de ella, la abandonas, a su suerte ¿a la mochila que te ha acompañado por medio mundo? La sustituirás por otra, si no lo has hecho ya. Una nueva compañera para esos viajes tuyos por el otro medio munco. Como quien para superar el desamor se echa en otros brazos, conoce otro amor. Siempre excitante, intacto, limpio, por descubrir. Como la que será tu nueva mochila.

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  4. Te entiendo, yo creo que las mayores lloreras y los disgustos más grandes me los he llevado cuando he perdido o roto algo que me gustaba mucho. Cuando fuí a Amsterdam con mi chico me compré un vestido tipo kimono en un mercadillo. Me encantaba…hasta que años después se me rompió toda la parte de la cremallera. No he tenido valor para tirarlo, porque me recuerda tantas cosas. Tengo que reconocer que en esta ocasión también lloré, a parte de por el vestido, porque me di cuenta de que nunca más voy a caber en una 36, y eso también duelo

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  5. jajaja

    qué bueno lo de Labordeta!

    La pobre mochila ha vivido mucho sí, cosas buenas y cosas malas… No te recomiendo su vida, Juana… acabar con un yonqui, en fin…

    Fea no era, Chelo… las mochilas son así, poco glamourosas pero con carácter.

    Gracias a ti, Gates, que eres más maja!!

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  6. Desde el cariño profundo…que cabrona has estado en un millón de sitios y me das mucha envidia, pero que sepas qeu gracias a tus mensajes en el “feisbuc” y tus fotos viajeras yo también he disfrutado mucho con tus variadas aventuras around de world…Gracias Isa!
    Gates.

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  7. Espero que la etiqueta “pasiones” sea por los viajes y no por la mochila, de lo contrario me preocuparia…por otra parte he de decir que practica seria un rato pero tambien fea como el demonio isa 🙂 asi que: buena opcion, renovarse o morir! Besitos desde la terraza del hotel, con las olas y la luna -casi llena- de fondo

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  8. Nunca pensé que pudiera emocionarme tanto por un trozo de tela… Ahora bien, después de los sitios en los que ha estado y las putadas que le has hecho a la pobre, ¿estás segura de que no le aguarda una mejor y más
    reposada vida con el yonqui?

    RIP: Repose In Poblado

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  9. Bonitas palabras para una compañera infatigable,ferrea, y dura como el viaje de la vida en la que otros ocuparan siguiente reinado, siempre y cuando la vida no acomode nuestra espalda a objetos de transporte mejor adaptados a la comodidad de los años.

    RIP

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