Mi ÚNICA experiencia en un camping (por Ana)

Qué diferentes somos las personas, y las humanas, más todavía. No puedo quitarme este pensamiento de la cabeza desde que leí el post de mi colega de blog, y además amiga, sobre su mochila. Quiero aclarar, antes de empezar, que la entiendo perfectamente, cuando se te pierde o rompe algo a lo que tienes cariño, lo pasas fatal y lo peor es que pocas personas te entienden. A veces, la mayoría, lo sentimental supera con mucho el valor real del objeto perdido…Aclarado esto, ¿por qué pienso en cuan diferentes somos cuando leo la palabra mochila? Pues porque cuando yo escucho este vocablo solo puedo pensar en Pocholo (como ella muy bien apunta), o en niños que van al cole o en artículo mega fashion que utilizan los gurus de la moda…pero nunca, nunca, puedo pensar en viajes…

Que conste que admiro sobremanera a mi Isabel de mis entretelas y mi corazón, porque cualquier persona que tenga el valor de colgarse una mochila y ponerse a caminar (sí, lo he puesto bien, para mí el simple acto de ponerse a caminar con una mochila al hombro escapa a toda lógica…a veces, el simple hecho de caminar me lo parece, no os digo más) es digna de toda mi consideración. Pero no de mi comprensión. Reconozco que todo lo que no tengo de pija para vivir en el barrio de ilusión y fantasía que vivo, lo tengo para realizar mis viajes. Yo es que, mira tú, si no tengo cuatro paredes, un techo, un colchón y un baño con ducha (mínimo, si es bañera no te quiero contar) es que ni me muevo de mi casa, qué no me merece la pena.

He acampado una sola vez en mi vida, y fue por amor (¿por qué si no una pija en lo viajero como yo iba a hacerlo?) Estaba enamoradísima de un tipo que quería a toda costa ver a un grupo americano que solo tocaba en Bilbao. Y él sí era muy aventurero y campinguero (no sé si no me acabo de inventar una palabra, pero mira, queda bien). No he aclarado que yo con este chico no tenía nada de nada, pero vamos, nada es nada, éramos amigos y residentes en Madrid. Así que como solo éramos amigos (esta frase siempre da repelús cuando se trata de romances ¿verdad?) invitamos a más amigos a venir. Solo se apuntó otra chica. Hasta aquí todo bien, porque ella era mi mejor amiga, así que me iba a ayudar a conseguir al hombre de mis sueños, al que yo seguiría hasta el fin de mundo, aunque fuera con una mochila al hombro y la tienda sobre mi cabeza (recogida, claro, porque extendida iba a ser un poco difícil). Allá nos fuimos, cruzando la geografía española, por esas carreteras que dios y el estado nos han dado. Llegamos al camping, muy mono, la gente muy amable…Mis ojos lo primero que buscaron fueron los baños…localizados a la derecha con un ángulo de 45 grados respecto al lugar donde íbamos a instalar la tienda, bien…Digo íbamos, pero no es el tiempo verbal correcto, porque esta fue la primera odisea, armar esa tienda que solo mi adorado hombre sabe montar. Mi amiga y yo en lo único que contribuimos fue en movernos como dos patos mareados atendiendo a sus peticiones: “estira de allí, tú dame la vara, recoge la vara por allá”. Madre, solo de recordarlo me mareo…Pero todo esfuerzo merece un recompensa y la tienda por lo menos parecía que se iba a mantener en píe durante un tiempo. Comimos allí en medio, en lo que podríamos llamar el porche de nuestra instalación, como los indigentes que están debajo de un puente, con nuestro hornillo a todo gas y nuestros platitos colocados sobre las rodillas…bebimos, nos reímos, lo pasamos bien…yo intente alargar la velada porque temía el momento que estaba a punto de llegar: el temido acto de irnos a dormir. Pero este momento iba precedido de otro aún peor: el paso por el baño, que yo, escrupulosa donde las haya, hice a la velocidad del rayo, fui la mujer bomba de humo, entré y salí dejando tras de mí una humareda…Y ese saco…y esos bichos…No hace falta que os diga que yo no dormí nada…bueno, miento, me quede dormida cuando los demás se despertaron con la claridad del sol. Había conseguido coger el sueño cuando me despertó un ruido extraño sobre la tienda…¡un bicho enorme y peligroso estaba atacando nuestro campamento base, seguro! Pegué un grito que reíros vosotros de los de Scream…Mi amiga asomó la cabeza por la puerta (o cómo se llame) de la tienda con cara de estar a punto de sufrir un infarto. Le pegué un berrido tirando de su brazo mientras le pedía por favor que entrase y se pusiese a salvo, que un bicho enorme está sacudiendo nuestra tienda. Me dice que no, que es ella que está quitando las hormigas por si se cuelan y que casi muere del susto que le he dado. Apréciese el conocimiento del mundo mochilero que teníamos las dos, para morirse, vamos, que solo nos faltaban los tacones y el bolso Gucci para parecer lo peor. Y lo peor fue lo mío. Según salí de la tienda me dio un latigazo el riñón. Viaje al hospital, urgencias, diagnóstico: cólico de riñón…haga usted reposo y beba mucha agua. Reposo en esa tienda!!!!…Pues lo hice, y lo hice tan bien, que anime a mis amigos a dejarme sola, a que ellos disfrutasen del momento. Y ¿qué hicieron mis amigos al verse sin carabina? Pues lo que todos estáis sospechando: liarse entre ellos mientras yo prácticamente fallecía ignorante de la afrenta y sufriendo en mi lecho (ojalá fuese un lecho, en mi saco) de dolor…

Conclusión: nunca más camping, y no os quiero contar lo que supondría para mí un viaje de estos de pura aventura. Esos están reservados para personas como mi amiga Isa y su susodicho, y los participantes de Pekín Express y unos cuantos valientes más. Yo quiero mi hotel, a poder ser de cuatro estrellas para arriba, que tenga muchos apechusques para robar (creo que me acabo de inventar otra palabra, hoy estoy imaginativa) tipo jaboncitos, gorros para el pelo, etc…y si ya tienen jacuzzi, a mí no me sacan de allí ni con agua caliente. Y así lo he planificado este año: Ibiza me espera con sus calitas tranquilas, sus playitas, su hotel con dos piscinas y bar en medio de una de ellas…vamos, esas cosas que a mí me gustan. Qué le vamos a hacer, cada uno es como es…

Una última cosa: a día de hoy, como 10 años después, mis amigos siguen juntos y con mi bendición. Si es que el amor es lo que es y yo ahora lo agradezco, la vida al final nos ha tratado a todos muy bien y nos ha dado a la persona adecuada para cada uno.


7 respuestas a “Mi ÚNICA experiencia en un camping (por Ana)

  1. Ay, Ana… yo soy de las tuyas. Y no me avergüenzo de ser una pija de los viajes, como dices, tú. Y aunque mis amigos me tomen el pelo cada dos por tres. Algún día te cuento mi (primera y última) aventura campinguera con una cañita de por medio… ¡Besos!

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  2. Anda Ana animate y vete a Pekin Express tres, que si una acampada para un concierto te da para un post gracioso, a la vuelta del programa te nos metes a monologuistaaa 😛

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  3. Qué bonito es el amor… Anita, cómo se te ocurre? 😉

    A ver, y antes de que me coloqueis de por vida el sambenito de 'caminguera', creo que es de rigor aclarar que el camping tampoco es lo mío. Me gusta dormir en cama y tener mi baño. Es más, las pocas veces que voy de camping llevo mi colchón hinchable, con sábanas y almohadas incluidas…

    Eso sí, si no me voy más de camping ni es por los bichos (que esos ya sabéis que me los como sin problema), sino por las personas humanas que hacen ruido, se tajan, cantan y no respetan las normas mínimas de convivencia cívica…

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  4. Genial Ana, genial. Yo nunca he ido de camping, ni por amor. Si los campamentos de pequenos cuentan, entonces si. Yo soy de tu casta en este campo, la mochila para Pocholo, yo con mi Sansonite al fin de del mundo, siempre que haya un hotel, of course. Se que nunca vivire esas experiencias viajeras de Isa y me da mucha envidia (pero sanota , he?) Y es que cada uno somos de una manera a la hora de viajar. Besos y abrazos desde mi hotel en la playa, hoy la luna casi llena ilumina mi terrazita (manana nos vamos, habra que hacer sitio en el neceser para los jaboncitos

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