El club de la lucha (por Arantxa)

La semana pasada tuve cita con mi dentista. En realidad llevamos quedando todo el mes de enero y febrero, cada dos viernes, pues me resulta imposible que las visitas tengan más continuidad. Nunca pensé que poner una corona pudiera convertirse en un trabajo tan arduo. Odio la visita odontológica, el hilo musical de la sala de espera, el sonido del torno, que hurguen en mi boca con esos aparatos metálicos.

El último viernes, mi dentista, algo distante en los anteriores encuentros, me contó algo que rompió la ya habitual y fría corrección entre nosotras. Hablábamos de la radical reforma laboral aprobada por nuestro gobierno, de los tiempos que corren, malos para la lírica, que cantaba Golpes Bajos, para la vida en general. Y no sé como, pero comenzamos a conversar del futuro que espera a nuestros hijos. Ella, con naturalidad, me dijo que tiene un hijo con síndrome de Down. Me quedé bloqueada. No me fluían las palabras y debió percibirlo, notar mi desconcierto.

A ella sí, le brotaban como torrentes. No se vestía de heroína con cada frase, en las que percibí su amor infinito hacia ese crío. Me habló de los progresos de su niño, de como les llena la vida, es un crío cariñoso y sano por lo demás. No se quejaba, no había amargura o retazos de sufrimiento. Por supuesto, ha debido dolerse hasta la extenuación y llorar ríos, empaparse en lágrimas. No lo supo hasta que el niño nació. Una noticia así, a las pocas horas de dar a luz, debe quebrar el alma.

Ahora ya no está rota, al contrario. Aprecié en ella una fortaleza hercúlea, una valía sobrehumana, revestida de humildad. Su cotidianeidad es la que apenas puedo resumir con justicia: su hijo pequeño tiene una minusvalía, pero la vida sigue, rueda. No es una mujer pusilánime, lo supe al instante.

Voy descubriendo con los años, a medida que conozco trazos de la vida de los otros y las otras, que admiro profundamente a las personas que, como mi dentista, no están ancladas en la queja continua o esclavizadas por el dolor ante circunstancias realmente adversas. Adoro a todos esos luchadores y luchadoras con ganas de seguir rodando. Los que se dejan arrastrar por la frustración y la negatividad, día tras día, y se hunden en su desgracia hasta empaparse de ella y no ver más allá – siempre hay algo por lo que tirar, siempre- llegan a irritarme. Es a los otros, gente aparentemente corriente, pero que portan una aureola de héroes y heroínas a mis ojos, a los que quiero parecerme.


8 respuestas a “El club de la lucha (por Arantxa)

  1. ES verdad que en la vida, quien más o quien menos, todo el mundo se lleva cacharrazos, pero a algunas personas les toca vivir situaciones ciertamente dolorosas. Tengo un caso muy cercano, al bebé de mi amiga le tuvieron que hacer un transplante de médula, y nunca me canso de admirar cómo han vivido todo ese proceso, como tu dentista, sin anclarse en la queja y el dolor, con la imposición de de vivir disfrutando todos los momentos, los malos incluídos. Por eso me ha gustado tu pot. De alguna manera, es una forma de reconocer el arrojo y mostrar el ejemplo de esos héroes anónimos.

    Un saludo.

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  2. Me ha encantado tu post y no puedo estar más de acuerdo. Desde mi punto de vista, ante las adversidades hay que crecerse e intentar vivir solo el momento sin darle demasiadas vueltas al problema, solo siguiendo hacia adelante con la mejor de las disposiciones. Las personas que así actúan son fuertes, claro que sí, aunque por supuesto que viven sumidas en momentos de debilidad y dolor, por algo son humanas, pero lo que hay que intentar es que esos malos momentos pasen de la mejor manera posible con ayuda de amigos y familiares.
    Por otro lado, yo creo que nadie es capaz de saber cómo va a actuar ante un momento difícil. Podemos pensar que no seríamos capaces de superarlo, que nos deprimiríamos, o bien que seremos los más fuertes del mundo, pero hay que verse en esa situación para ver cómo reaccionamos, a veces nos llevamos unas sorpresas increíbles…

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  3. Gracias por opinar. Es necesario tener coraje y valentía, anclarse en el dolor no es bueno, nunca. Desde luego es lo inevitable en un primer momento, cuando te enfrentas a esta clase de problemas. Y también es lo más fácil, pasado el tiempo. Eso no quiere decir que personas como esta madre no tengan días malos o momentos de bajón anímico, pero es fuerte por encima de todo lo demás, y por ello es admirable.

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  4. La gente que afronta con coraje los problemas de la vida siempre han sido un ejemplo para mí. Tirar para adelante, ver luz siempre al final del túnel, saber sacar lo bueno hasta de la peor de las situaciones es absolutamente admirable. Me maravilla y me emociona.
    Bonito post Arantxa,
    besos

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  5. Me ha encantado tu post, Arantxa… Preciosas palabras cargadas de emoción.

    A mí también me parecen admirables las personas con esa capacidad de superación tan natural.

    Tengo al menos un caso muy cercano que es de quitarse el sombrero y aplaudir jaleando a la protagonista… Ojalá yo pueda estar a la altura, si en algún momento la vida me llama al orden y me recuerda quien está al mando.

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