Lo blanco del jamón (por Arantxa)

Lo blanco del jamón es una de las cosas que a mi hija pequeña le da asco comer. Una de tantas. Ya sea el tocino del jamón serrano o del ibérico. Es una comedora pésima y eso en una niña algo delicada -van cuatro ingresos hospitalarios en cinco años de vida, el último más serio que los restantes- es un motivo casi constante de preocupación. Y de estrés y sufrimiento.

En estos casos todo el mundo tiene la palabra justa, el consejo que dará con la solución a tu problema. Sobre todo –tiene guasa-si son padres cuyos hijos son excelentes comedores. Pero no hay recetas mágicas.
Mi hija es delgada, muy delgada, lo cual es consecuencia de comer poco y mal. El caso es que cuando nació era una moza de 3,700 gramos, un peso que para una niña está muy bien. Pero ese percentil pasó a mejor vida.
Por supuesto no se la puede forzar, pues ayer mismo, en el desayuno, esto sirvió para que vomitara toda la leche y la fruta. Si no la hubiéramos insistido para ingerir el vaso entero de leche con cacao al menos hubiéramos ganado algo, porque la pera del desayuno era prueba superada, pero de esta forma ni lo uno ni lo otro, porque lo echó todo. Lección aprendida.

Mi pequeña también es muy viva, tiene mucho desparpajo e intelectualmente es rápida. Esto hace que la gente le quite hierro al tema de la comida. “Si la niña está contenta y en el cole va genial. No te preocupes”. Pero como eres su madre te preocupas y te ocupas, por supuesto. Peregrinaje por médicos, intentos de enmendar la situación con estimuladores del apetito -una forma absurda de tirar el dinero-, lectura de libros varios en busca de la panaceaq y mucho cuidado al hacer la cesta de la compra. Todo de la mejor calidad que se pueda, vamos, que me he vuelto una pija, porque reniego de las marcas blancas en lo que a mis hijas se refiere.

Todo esto además repercute en tu forma de alimentarte, porque a veces acabas cenando el filete de merluza que no ha querido y como te da pena que el yogur esté a medias te lo comes. Y caes en que va a caducar otro producto y por no tirarlo lo dejas apartado para comértelo el día siguiente. Porque esa es otra, el derroche de comida. Aquí se ha llegado a tirar jamón ibérico que la moza había guarreado a la basura. Sé que para muchas personas es un pecado, una aberración. No sé qué harían esas mismas personas en mi lugar.

Al final te apoyas en alguna mamá que pasa el mismo infierno. Nunca se me olvidará el día que una madre me contó que una noche durante la cena tuvo una reacción visceral ante la negativa de la nena a ingerir algo que no fuera la leche, como hacía moche tras noche. Nerviosísima, la mamá tiró el plato con la comida al suelo, por no pagarlo con la niña. El cristal se rompió en mil pedazos y ella rompió a llorar. Esa niña es hoy una espigada jovencita que sigue comiendo mal, aunque su madre ya lo superó hace tiempo.
Quizás esa sea la receta, no desesperar, no desgastarse, tratar de relativizar y seguir intentándolo vistiendo la comida para que a Daniela le caiga simpático lo que vea en el plato. No me digáis que las mandarinas de la foto del blog Cosas de Katy no se merecen un buen mordisco… Por probar no perdemos nada o eso dicen.

22 respuestas a “Lo blanco del jamón (por Arantxa)

  1. os leo desde hace tiempo y voy a aportar mi granito de ánimo.Mi peque también come mal,bueno,mal según quién lo mire.Es como la tuya,flacucho pero despierto y muy inteligente (no superdotado,sino inteligente y listo).

    Come de todo,eso si,pero en cantidades que dan risa:dos cucharadas de puré,dos patatas fritas,medio filete de pescado (esto último sólo) puede ser perfectamente el almuerzo y medio vaso de leche la cena.y así estamos.No te digo lo que pesa con la edad que tiene porque no lo sé,hace tiempo que no lo peso porque me angustiaba y entonces me entraba la desesperación.Hace unos tres años asumí que es así y que mi labor (o la nuestra,como padres)era ofrecerle la comida lo más variada y sana posible y que escogiera lo que quisiera,sin forzar ni obligar.
    Me ha gustado la frase de …”hay gente que come para vivir”,porque es lo que él hace,come lo mínimo para la supervivencia.

    Y sí,es horroroso que intenten darte consejos o lecciones de cómo actuar, como con el tema de dormir.hace tiempo que no las escucho.

    así que ánimo.

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  2. Niños que no comen, niños que no estudian, niños que duermen mal, que es la tercera variable.

    Resultado de mi ecuación, sin hijos, por ahora. Y la edad no perdona.

    El Observador.

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  3. Yo siempre he comido bien, sí.
    Cuando llegues a primaria verás de otra manera lo de las notas. Claro que lo importante es criar hijos felices y sanos, pero a los padres les/nos preocupa todo. Si fuera por lo de la felicidad, mi hija es feliz y entonces debería preocuparme menos por lo de la comida. Pero no puedo evitarlo, aunque sin obsesión, asumiendo que es así. También el que tiene un nene feliz y que no estudia lo asume claro. Pero ya conozco casos y es un tema de preocupación por lo que oigo.

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  4. ¿De pequeña eras tragona?

    A mí el tema de las notas no me me preocupa mucho, la verdad… y creo que no es sano (ni para los padres ni para ellos) vivirlo con angustia, lo importante es criar hijos felices, no portentos de los estudios que luego no sepan manejarse en la vida.

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  5. Pues yo soy tragona y su padre es que come de todo. La casquería es lo único que me da asco, pero su padre no le hace asco a nada. Comer es un placer, pero ella no lo vive así. No siempre hay tanta lógica en esto, he consultado a bastantes médicos.
    A mi, ya metida en este “fregao” de tener una nena mala comedora, me da pavor el tema de las notas en el cole, todo va bien, son pequeñas aún, pero ¿y si cambia?. En el caso de ellas la genética por sus padres y sus tíos indicaría que no puede ni debe pasar y ¿quien me dice a mi que no va a ocurrir? En cualquier caso, la salud es lo primero, antes que el resto. Con ella lo he aprendido bien,

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  6. Como he dicho al principio es una niña que ha estado ingresada cuatro veces y en las tres primera ocasiones sí ha podido influir porque mi hija no tiene reservas, literalmente. No es una niña desnutrida, obviamente, pero no tiene reservas. Luego es muy viva, despierta, activa, nada, va a baile, no para, algo que me extraña porque es un palillo -o quizás si fuera sedentaria pesaría más- pero es mejor que coma más y mejor.

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  7. Mamá de Paula, que mal que estéis así, porque es desesperante. La comida tiene que ser un momento de disfrute, no una batalla campal que te deja agotad@, como pasa con estos niños.

    Conozco una pareja que para ir a por el segundo tardaron también, en este caso porque su hijo no dormía. Al menos vino una niña, que es lo que querían, aunque duerme regular. Así que entiendo que os haya hecho posponer lo del segundo hijo.

    ¡Felicidades por tus dos niñas! Ya verás como mola tener dos princesas. Te hará ver la vida muy rosa. 😉

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  8. Rita, muchas gracias por opinar. Mi hija tiene un menú de repertorio pequeño, no hay duda, pero no le damos todo en papillas. No toma papillas, de hecho. Porque para algo están los dientes.

    Quiero pensar que cambiará, pero no lo tengo nada claro.

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  9. Me da pavor pensar en verme en esta situación. Yo siempre he comido bien: de todo y mucho, y en mi familia la comida es el equivalente a la religión. Un valor inquebrantable. Mi hijo come fenomenal también. Creo que la genética influye, y también creo que el amor por la comida se transmite, siempre que haya potencial.
    Lo importante es que esté sana, y tu fórmula de relativizar y tomarte las cosas con calma me parece muy acertada. Perder los nervios con los niños siempre es contraproducente.

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  10. No puedo decirte gran cosa, paciencia y más paciencia que imagino que ya tienes a raudales. Si la niña está sana y los médicos no le dan importancia habrá que “tragar” con lo que hay, la realidad es que cada niño, antes o después, tiene sus cosas y como padres debemos lidiar con estas im-perfeciones como buenamente podamos. Todo lo que rodea el mundo de nuestros hijos es prioritario para nosotros. Hay que pasar un poco de los demás y dejarnos llevar por nuestro instinto, aunque como bien decís, apoyarte en otras experiencias siempre ayuda a relativizar…

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  11. Mi madre siempre cuenta que yo de pequeñita, bebé, no comía… directamente es que no podían hacer que me entrase nada en la boca. Ella tiene un trauma con eso porque dice que en una ocasión me hizo sangre con la cuchara al intentar meterme la cuchara de papilla en la boca porque tenía los labios tan apretados que era imposible. De más mayorcita, con la edad de tu hija, me llevo al médico para que me recetase algo para abrirme el apetito porque seguía igual y el doctor le dijo que no: “mire señora, hay gente que vive para comer y otra que come para vivir. Su hija es de los segundos, estando sana y bien no le receto nada” Hasta la adolescencia o más allá que empecé a trabajar y a comer fuera de casa, en comedores de empresa. Ahí no había remilgos que valieran… Y luego me eché un novio al que le encantaba el tomate y yo me aficioné, otro que comía verduras y por no hacer más comidas yo también empecé a comer… Y me convertí en la devoradora que soy ahora…
    Supongo que no todos los niños son iguales, pero si creo que sí los análisis dicen que la cría está bien, con sus vitaminas, proteinas y todo eso en orden, hay que insistir pero con tranquilidad, sin volverse loca…

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  12. Es que eso tiene que ser muy desesperante. Tengo amigas que, ni comían bien de pequeñas, ni comen bien ahora. Y tienes razón con que lo de forzar a comer no suele llevar a buen puerto. Un besote y mucho ánimo en tu lucha diaria!!!

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  13. Sabes bien que no sólo te entiendo, también lo sufro. Mis dos niñas son mal comedoras, las dos, pero con distinto estilo cada una. La mayor….podría morir de inanición, cuanto menos come menos hambre tiene, en su caso no sirve lo de….¡dejale sin comer…que ya comerá cuando tenga hambre!..de verdad que eso no siempre funciona….no lo comprendo pero así es. Y la pequeña, come mal, casi por imitación a su hermana, hay cosas que no quiere ni probar porque si la hermana no las prueba…ella pensará que por algo será…..Así que es una desesperación, cuando tienen temporadas que comen mejor, estamos toda la familia más relajados y contentos, pero duran poco y nunca suelen coincidir ambas comiendo regular. Me consuelo pensando que cuando sean mayores comerán mejor, mis padres cuentan que yo también era mala comedora, hasta un plato de lentejas llegaron a tirarme por la cabeza un día de desesperación…y ahora, como normal, de verdad, no es porque lo diga yo, así es, como de todo y en cantidades normales. Así que, ánimo, puede que esto no dure para siempre….eso es lo que yo me digo para animarme. Besos y ánimos Arantxa.

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  14. No sabes lo que te entiendo. Mi niña con cinco años no como poco, si no lo siguiente…. En un primer momento para su padre y para mí era una desesperación, hasta que hemos ido aprendiendo a que es lo que nos ha tocado. Todavía recuerdo un fin de semana en una casa de pueblo, en familia, donde mi marido harto de que la niña llevara casi tres días sin comer, se puso nervioso y terminó cogiendo la comida con la mano y metiéndosela en la boca.
    Todo esto sin querer influye en otras muchas decisiones de tu vida… Nosotros hemos pospuesto mucho la decisión de volver a ser padres, pensando en cómo enfrentarnos a dos niños que no coman…. Finalmente nos hemos decidido y en mayo tendrá, si todo va bien, una hermanita…. Que espero no nos lo haga pasar tan mal con este tema….
    En fin, para ella la comida es un trauma y muchas veces consigue lo que sea para nosotros. Cada día se acuesta angustiada pensando en que le toca de comer al día siguiente en el comedor del cole… y eso que no les fuerzan…
    Ánimo

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  15. Tengo una amiga que a sus 38 años sigue comiendo mal, su dieta es muy limitada porque todo le da asco, y sólo come patatas, arroz, pan, huevos, guisantes, espinacas, frutos secos y dulces. Ir a comer fuera con ella es un imposible, lo mismo que plantearse unas vacaciones en un hotel por el tema de las comidas. Ella no sabe cuál habría sido la solución a su problema, pero tiene claro que uno de los errores de sus padres, fue que tirasen la toalla y la dejasen alimentarse sólo de papillas hasta los 20 años.
    Lo importante de preocuparse es eso, ocuparse y no desesperar.
    Hacer que los platos les resulten divertidos me parece una buena idea, incluso pedirles que colaboren y se diviertan cocinando.
    Mucho ánimo.

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