De rampas, redes y bondad innata en las personas (por Ana)

El otro día colgué en mi muro de Facebook esta columna de Javier Gómez Santander:

http://www.elmundo.es/papel/firmas/2016/05/08/572c62d4ca4741e0778b458a.html

No es que pareciera que estaba escrita magistralmente ni que lo que contaba fuera la bomba, pero me emocionó mucho porque defiende una idea que llevo por bandera desde hace tiempo: la gente es esencialmente buena, empática y solidaria. En el artículo se habla sobre como todo un pueblo, sin pedírselo, ayudó a una familia en un momento muy delicado, en el peor momento que puede vivir un ser humano. Como todos arrimaron el hombro sin mediar palabra e hicieron lo que se suponía que había que hacer, que no fue lo material, el hecho de construir la rampa, fue trabajar codo con codo con aquellos que en ese momento necesitaban apoyarse en algo, en alguien, sentir cercanía, una mano que les sostuviera y una mirada que les alentara.

En la publicación de mi red social, una amiga y cuasi familiar, me hizo un comentario que me dejó pensativa. Ella defendía que sí, que las personas somos esencialmente buenas, pero que no creía en el altruismo en el sentido más puro. Ella pensaba que si ayudas a alguien tu satisfacción es mayor a la que proporcionas a aquel al que echas una mano. No sé si estoy muy de acuerdo con esto, pero es cierto que hay un cierto grado de bienestar y tranquilidad en actuar correctamente, pero creo que no es sólo eso lo que nos mueve. Bueno, no lo sé, pero quiero pensar que no.

Me niego a volver a hablar en este momento sobre la peor etapa de mi vida, creo que todos la conocéis, y si no es así, os invito a leer anteriores post. Pero lo que si voy a repetir siempre, hasta el fin de mis días, es que sin una red tan sólida como la que yo tenía no hubiera podido superarlo, literalmente. Quizá se me hubieran pasado locuras por la mente, quizá las hubiera llevado a cabo, o menos radical pero igualmente horrible, hubiera caído en una depresión o viviría aún hoy alimentada de pastillas que me hicieran reaccionar ante la vida. Yo sentí a “mi pueblo” hacer mi rampa, empujar conmigo, llorar cuando a mí se me saltaban las lágrimas, abrazarme aún a cientos y, en algunos casos, miles de kilómetros. Es curioso, pero yo sabía quién estaba pensando en mí, siempre lo supe, aunque no me escribiera ni me llamara… y siguen ahí, aún hoy, de otra manera más tranquila, menos sensible y delicada porque ya no lo necesito tanto, pero no dejan de remendar los agujeros que puedan surgir en la red.

Pero es que no es necesario pasar por un momento tan dramático, el día a día ofrece mil oportunidades para comprobar cómo siempre hay alguien ahí cuando se necesita. Evidentemente, esto no es un regalo, ni es algo que surja de manera espontanea de la nada. Claro que hay personas que ayudan a desconocidos, pero lo lógico es que tu rampa, tu red, se componga que aquellos con los que has creado un lazo fuerte y consistente. Y por eso hay que currárselo, estar, querer sin medida y sin cortapisas, abrirte hasta el fondo y dejar entrar a los demás.

Hoy quería escribir sobre esto, aún sabiendo que ya lo he hecho alguna vez en este blog, porque estoy viviendo dos situaciones laborales en las que interfiere mucho el factor humano y me ha hecho pensar en lo afortunada que soy. En la empresa con la que actualmente colaboro no están pasando por un buen momento. No me explayaré por esto de ser discreta y demás, pero lo cierto es que me he visto en medio de una situación difícil. Y como yo lo veo desde fuera creo que lo percibo todo con mayor claridad y objetividad. Lo que he constatado una vez más es que la grandeza de la amistad, la solidaridad, la ayuda, el respeto y la admiración, está presente entre aquellas personas que son de verdad, auténticas. He comprobado que lo que sostiene a todos los que están pasando por este mal momento es el aliento de sus compañeros más cercanos. Lo mejor de todo, es que, estando yo de paso, esas mismas personas me han aceptado con los brazos abiertos, me han integrado en su micro mundo de horas de oficina y sé que, a pesar de todo, me llevo de aquí a unos pocos amigos o proyectos de ello… Y eso es muy grande…

Por otra parte, tras todo lo que me pasó, ni siquiera tuve que ponerme a buscar trabajo. Enseguida conseguir uno y ahora ya estoy en proyecto de otro sin haber acabado en el que esto ahora. Dos amigos han tirado de mí hasta en este aspecto y no puedo dejar de agradecérselo… Estoy empalmando un trabajo tras otro gracias a ellos dos y a veces pienso que tampoco tenían necesidad de jugársela por mí, que hubiese sido más fácil callarse y no pringarse para que yo entrara en sus empresas, sus vidas al fin y al cabo… Pero no, ellos han estado ahí siempre, siempre, siempre… pero es que estos dos son de los buenos, de los que han tejido mi red con las manos desnudas, a golpe de cariño, paciencia y cercanía…

Así que sí, yo tampoco creo en el altruismo puramente genuino, pero sí creo que las personas tenemos un instinto de ayuda, de tribu, de solidaridad, de amor, que sobrepasa todas las barreras posibles… Y que así siga siendo para que el mundo sea un lugar habitable.


4 respuestas a “De rampas, redes y bondad innata en las personas (por Ana)

  1. Opino en la misma línea, creo que si uno tiene un buen colchón de amigos y/o familia es porque se lo ha currado, tristemente el altruismo es un bien muy escaso, pero últimamente me encuentro con cantidad de gente buena (acuérdate de esa anécdota nuestra con el coche que un día contaré en el blog… o mil cosas más) y la esperanza en la humanidad reflorece en mi 🙂

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  2. Me gusta pensar que aunque el mundo está lleno de canallas y de gente que pasa mil kilos de todo lo que no le afecte directamente, también hay gente dispuesta a tenderte una mano sin esperar nada a cambio. Me ha hecho pensar eso que decía tu amiga. Es verdad que muchas veces somos generosos por el placer o la tranquilidad de conciencia que nos produce. Pero creo que también somos capaces de sacar de dentro lo mejor de nosotros mismos.
    Sin duda, no hay nada más valioso que contar con una red que te recoja al caer. A veces es tu familia, a veces son tus amigos, a veces ambos. Es bonito sentir que una no está sola del todo.

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  3. Me has emocionado, boba. Me enorgullece formar parte de esa red. Y que sepas que si tienes una buena red es porque la has construido a base de esfuerzo. Como dice mi padre: nadie da duros a cuatro pesetas.

    Yo también creo que la bondad es algo bastante generalizado, aunque tiene sus grados. Hay gente más pasota y gente más implicada, gente más o menos empática y gente más individualista o más práctica y gente más sentimental… eso determina mucho como te comportes con el resto, y por supuesto también como el resto se comporta contigo.
    Creo que, aun sin proponertelo, toda relación está basada en un intercambio. Y que por lo general uno recibe lo que da… y cuando esto no pasa, siempre nos parece injusto. No solo hay que saber dar, hay que saber recibir. Y no todo el mundo sabe 🙂

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  4. Pues sí, yo creo en el altruismo y en la gente que te echa un cable, rápido, y sin casi conocerla, gente que son más que tú propia familia á veces. A veces, al menos á mi me ha pasado, intentar dar sin recibir…y no querer la.ayuda por si tienen Q devolver el favor…en fin…que hay de todo, y espero que haya más gente que nos ayude á construir la rampa…:)

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