Mi perro y los señores mayores (por Ana)

jarete
Jarete

Mi perro se llama Jarete y es un ser especial. Puede que esta afirmación tan rotunda sea fruto de un amor incondicional y una visión cegada, pero tengo hechos y testimonios que lo atestiguan. Mi amiguito es todo cariño y monería… sobre todo con la gente mayor… muy mayor… que por otra parte, siempre ha sido mi público. Debo tener algo que inspira confianzas a los señores (sí, más señores que señoras) y por ello me hacen depositaria de sus anécdotas, pensamientos, penas y recuerdos. Y yo encantada, que conste.

Cuando saco a Jarete a dar su paseo largo siempre terminamos en una avenida llena de árboles y bancos donde reposan y charlotean entre ellos personas mayores que están a lo suyo y no reparan demasiado en nosotros. Pero a mi compañero no le gusta que no le miren y le digan cosas, así que siempre, y cuando digo siempre es todos los días, termina acercándose a alguna persona mayor que puede tener perro o no, eso es opcional. Si tiene perro, el mío se entretiene con él, y si no lo tiene, hace carantoñas y posturas de circo a las personas para que ellos le hagan mimos y le digan lo bonito que es. Y de ahí a que me cuenten sus cosas hay un paso.

Hoy he coincidido con un matrimonio de unos setenta y muchos al que Jarete literalmente se les ha metido entre las piernas mientras ellos reían con un risa de cascabel. El hombre me ha dicho que si tuviera mi edad mi perro se lo iba a pasar fenomenal con él. Le he preguntado por qué y me ha contado que era cazador y que siempre ha tenido perros a los que ha tratado con todo el amor del mundo porque ellos le han dado a él tanto cariño que no podía ser de otra forma. La señora asentía mientras acariciaba el lomo de mi perro que la miraba con amor. El señor entonces ha soltado una frase lapidaria: Los perros se convierten en lo que los dueños son en realidad. He puesto cara de sorpresa y él me ha guiñado un ojo y ha continuado hablando: Quizá tú pienses que no eres nerviosa o injusta o que eres buena o lista, pero ellos perciben la realidad y la asumen como suya. A estas alturas Jarete ha debido considerar que este amable cazador me estaba revelando un secreto de la vida perruna que yo no tenía que conocer así que ha empezado a tirar de mí, no sin antes darles al matrimonio la patita muy educadamente, y nos hemos tenido que ir.

En otras ocasiones, empezamos hablando de perros y terminamos en lugares inesperados. Ayer el objetivo de las monerías de Jarete fue un grupo de tres señores de unos 70 años, de barrio de toda la vida, fumando su tabaco negro y con todos los clichés que os podáis imaginar de ese tipo de hombres. Chuletas, muy madrileños, aún con ese encanto canalla que te hace imaginar cómo se llevaban de calle a las “gachis” y cómo han debido de hacer sufrir a sus mujeres, amas de casa de un barrio humilde de esta gran ciudad. Cuando el perro se le acerca, uno de ellos se ríe a carcajadas impropias de ese perfil, como jovenzuela de residencia de estudiantes. Los otros dos le observan con gesto burlón. El hombre con la risa de damisela se vuelve a mí y me dice: Los perros son lo más maravilloso del mundo y con ellos pasa como con las mujeres… Le miro con cara de espanto y le digo sin compasión: cuidado, a ver por dónde va a salir, que yo soy una mujer y me da miedo lo que me pueda decir. Los otros dos tratan igualmente de frenarle. El señor se aferra a su intención: si no es nada malo, de verdad, yo sólo iba a decir que los perros, como las mujeres, te responden tal y como tú les trates. Uno de sus compañeros se me adelanta: Hombre, Manolo, pero eso no sólo las mujeres, eso pasa con todo el mundo, sea hombre, mujer o perro. El tercero en discordia se pone más serio y le dice: Manolo, te van a decir que eres un machista, esas cosas en estos años… y acompaña la frase con un cabeceo rápido que denota lo negativo que le parece el comentario.

Intento ofenderme un poco, pero no puedo, me estoy partiendo de risa con la escena. Manolo trata de excusarse y se mete en un jardín aún mayor: si yo a las mujeres las adoro… a mí me han querido mucho las mujeres… y yo las he tratado muy bien… Mi primera novia, señorita (a estas alturas ya solo me llaman señorita estos señores) la conseguí en Marruecos. Era una hebrea. No se puede suponer cómo me quería a mí esa mujer… ufffff… es que era una cosa que no se puede contar… me cortaba hasta las uñas de los pies, fíjese usted…

A estas alturas, no puedo evitarlo y la que suelta una carcajada quizá más alta de lo que cabría esperar soy yo… Les digo que al final lo importante es que las personas se traten bien entre ellas y que todos tratemos bien a los perros. Les dejo con los dos colegas mofándose de Manolo y pienso en lo que me gustaría conocer la historia de estos “pichis” tan típicos en los Madriles.

Cuando te acercas a las personas y ellos se abren a ti, tienes que estar preparada para todo, para reír, emocionarte, llorar, que te suelten alguna burrada… y aún así, por muy preparada que creas estar, a veces te marchas pensando que no has estado a la altura.

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Señor mayor y perrito

Hace unos días coincidimos con un señor que llevaba una muleta y arrastraba a un mestizo también con sus añitos encima. Los perros se saludaron y comenzamos hablando de ellos. Me dijo que todos los que él había tenido los había encontrado en la playa. Le pregunté si había vivido en algún sitio con mar y me dijo que no, pero que se había recorrido el mundo porque él era deportista y competía a alto nivel. Por un momento, su cara se iluminó. Mientras me narraba sus triunfos como atleta volvió a tener 20 años, lo juro. El espejismo se diluyó cuando bajó la vista observando su cuerpo y dijo: y ahora mira, con 87 años y ni sombra de ese hombre que fui.

Mi cara fue un poema. Jamás le hubiera echado más de 75. Se lo dije y volvió a sonreír. ¿Sabes por qué?, me preguntó. Porque cuando dejé de competir empecé a ejercer como voluntario con los bomberos, siempre activo. Mi mujer decía que estaba un poco loco… Sus ojos empezaron a empañarse mientras continuaba hablando… y desde que ella murió hace 7 años me he venido un poco abajo, porque yo seguía estirando hasta el día que ella murió, ¿sabes?… Pero ahora, ¿para qué, si ya nadie me va a decir que no estoy bien de la cabeza, que cómo se me ocurre hacer esas cosas con la edad que tengo? La vida se ha convertido en una rutina absurda.. Menos mal que este me hace compañía…

Noté que se me empezaban a saltar las lágrimas y volví a acariciar a su perro porque no me atreví a cogerle la mano o a darle un abrazo apretado. Siempre es más fácil desviar la emoción… y más cobarde… Él se secó yo los ojos. Le dije que tanto él como su perro parecían dos chiquillos y que me encantaría volver a encontrármelo otro día. Le sonreí con los labios y los ojos con toda la intensidad de la que fui capaz en ese momento y me alejé con el corazón en la garganta.

Estos momentos es otra de las tantas cosas que le debo a mi perro… Y me alegra que en eso se parezca a mí, como dice el cazador, y le guste pararse a los pies de aquellos que tienen algo que contar.


13 respuestas a “Mi perro y los señores mayores (por Ana)

  1. Me ha emocionado tu historia, Ana. La gente mayor me inspira muchísima ternura. Más aún que los niños. Es lógico que los perros prefieran la compañía de los viejitos, que se mueven despacio y actúan con serenidad -justo lo contrario que los enanos-.
    Tienes suerte de que Jarete te de la oportunidad de hablar con gente especial que tiene cosas interesantes que contar. Aunque ahí hay mucho de cómo eres tú. Yo creo que ni con Jarete sería capaz de sacar el partido que sacas tú de esas conversaciones… soy demasiado huraña.

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    1. A mí me pasa igual, desde siempre, los ancianos me dan ternura. Me encanta escuchar sus cosas, me parece que son un libro repleto de experiencias, sabiduría y lecciones que aprender…
      Yo también soy un poco huraña, pero sí que es verdad que con un perro al final te ves obligada a pegar la hebra y, ya que estás, aprendes a disfrutarlo…

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  2. ¡Sección especial ‘Historias de Jarete’ ya!
    No eres la primera persona a la que escucho que gracias a su perro ha escuchado historias y conocido a gentes bien singulares. Supongo que es una ventaja más de tener una mascota a la que pasear 🙂 Y a mí me gustan mucho las historias de viejitos, que han vivido mucho y saben latín.
    PD. Efectivamente, tienes que querer mucho a alguien para cortarle la uñas de los pies 😛

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    1. Calla, calla, lo de las uñas me dejó loca… Lo contaba como el mayor acto de amor que alguien puede hacer… Y yo no pude por menos que partirme de risa por la seriedad con la que lo decía…
      Tener perro a veces es un suplicio pero la mayoría de las ocasiones te regala pequeños placeres como estos…
      Lo de la sección de “Historias de Jarete” se puede negociar con las administradoras del blog, jajajajajajaja… Aunque lo mismo me lanzo y escribo un libro, fíjate 😉

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  3. Desde luego!!! Es otra de las muchas cosas buenas que ha traído el perrete!!!

    Me alegro de que te guste. Muchas gracias por leerlo y comentarlo!!!

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    1. Pues sí, la verdad es que es una de las muchas cosas que tengo que agradecerle al perrete, jajajajaja… Me alegra que te haya gustado, mil gracias por leerlo y comentar!!!

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    1. Si me conocieras personalmente sabrías que yo tampoco, es más, soy un poco seca. Yo no converso con desconocidos, son ellos los que hablan conmigo, jajajajaja. Lo cierto es que la gente mayor siempre me han contado sus cosas, no sé por qué… Y ahora con el perro es una cosa loca y al final te acostumbras a escuchar… Un besazo para ti también y gracias por comentar!!!

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