Cuando tu refugio de relax es el metro (por Isa)

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Todo el mundo odia el metro. Las aglomeraciones, los empujones, las prisas, el caos, el estrés de todos corriendo de un lado a otro como ratones en una jaula… A mí también me pasa. Soy rara, pero no tanto. Es más, cuando volví de mis vacaciones de desconexión en mi pueblecito costero la gran bofetada de realidad, la que me hizo caerme de culo en el suelo por el impacto fue mi primera incursión en el metro el 1 de septiembre. Pero como a todo se acostumbra el cuerpo, un mes y medio después estoy adaptada a la idiosincrasia de la vida en la ciudad, más por supervivencia que por cualquier otra cosa.

Ahora, cuando consigo acceder a un vagón de metro, respiro con alivio y miro el reloj sabiendo que estoy a punto de degustar de algunos preciosos minutos para mí. Para leer el libro que me tiene enganchada o ese artículo que me enviaron y no tuve tiempo ni de abrir. O para acicalarme. Sí, desde pintarme los ojos y los labios, hasta hacerme una manicura ‘underground’ (nunca mejor dicho), pasando por una depilación de cejas express.

Madrid es mi ciudad, y el sentimiento de amor-odio que me genera es el habitual de las relaciones pasionales. Por un lado, me encanta su vida, su ajetreo, sus miles de posibilidades y por otro, me abruma su sobredimensión, que llegar a casi cualquier sitio te lleve un mínimo de veinte minutos, y su superpoblación hinchada más aún los fines de semana y que, en algunos puntos céntricos, me asfixia y me sofoca hasta el desmayo. Es una bendición tener tropecientas mil opciones de ir a comer, al cine, al teatro, de exposición o de lo que quieras al alcance de unos pasos, y es una maldición que para cada casi todos haya que esperar, reservar o apuntarse con antelación. La improvisación es un lujo muy complicado, hacer cosas requiere planificación y agenda de eventos.

Es difícil no vivir estresada en la gran ciudad, casi imposible, sobre todo si eres un ciudadano al uso con su trabajo sujeto a horarios fijos y con hijos a los que llevar al cole y a actividades varias (o con perro al que sacar a pasear cada dos por tres). Para alguien que viva en una de esas ciudades medianas, más abarcables, como Gijón donde estuve hace poco, el ritmo y el talante madrileño le debe parecer muy agresivo y dejarse engullir por la marea humana descendente del metro en hora punta cualquier cosa menos relajante. Imaginad como debe ser el resto de mi vida, para que mi refugio de relax sea el metro.


9 respuestas a “Cuando tu refugio de relax es el metro (por Isa)

  1. El metro me parece un espaciotiempo perfecto para hacer un montón de cosas, especialmente leer (y en algunos casos, hasta dormir, jeje). Es cierto que cuando va hasta los topes es una experiencia muy desagradable y cuesta acostumbrarse. Cuando yo llegué a vivir a Madrid desde mi ciudad de provincias de 60.000 habitantes pensé que jamás me acostumbraría… ¡y de eso hace ya… 24 añosssss!

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  2. Pues yo ahora que hace ya más de un año que no voy en metro al curro, a veces lo echo de menos, ahora leo menos porque yo antes en el metro sobre todo leía. Y me fastidia.
    No me agobia demasiado ir en metro, ni siquiera en hora punta, en su día me acostumbré y me parece un transporte rápido para moverse por Madrid. Valoro el tiempo más que la comodidad y por desgacia eso fue lo que me llevó a cambiar metro por el coche, porque donde curro ahora llegar en transporte público es una odisea y tardo más del doble que en coche.
    ¡Viva el Metro de Madrid!

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    1. El coche engancha, pero el metro además supone una porción de ejercicio diario (al menos para mí que voy siempre tarde a todos los sitios, y por tanto a toda leche): subir y bajar escaleras, caminar hasta el andén y luego de vuelta… Lo único que llevo mal son las aglomeraciones (y los malos olores que se aprecian a veces)

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  3. Yo intento evitar el metro en la medida de lo posible. Prefiero el autobús porque así voy mirando por la ventana. Jajajaja. Pero también es cierto que cualquier medio de transporte es válido para leer blogs o contestar mensajes… Es un ratillo muerto que tenemos ahí y podemos aprovecharlo para pensar en las quimbambas.
    Totalmente de acuerdo en que Madrid deja poco a la improvisación. Es una de las cosas que más echo de menos de Montevideo. Besotes!!!

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    1. Yo también tuve mi época de autobús. Era a una hora en la que casi no había tráfico y además iba escuchando la radio (tenía que estar informada de todo en el momento y no existía Twitter, para nuestra fortuna)… Para las que vamos siempre con prisa, el autobús no es buena opción porque tarda más en llegar, va más lento y la amenaza del atasco es una constante.
      ¡Montevideo tiene que molar mucho! 🙂

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