Contra la resignación (por Cristina Buhigas)

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Este año el día de la mujer no va a ser como otros años, parece que se ha generado un sentimiento mundial entre las mujeres que nos impulsa a manifestar con hechos nuestra actitud de repulsa contra el machismo y la desigualdad. Es casi un milagro que, con todos nuestros matices, estemos de acuerdo en que ha llegado la hora de decir sin tapujos que exigimos nuestros derechos. Especialmente milagroso me parece como periodista que hayamos conseguido ponernos de acuerdo unas 6.000 (puede que a esta hora sean muchas mas) periodistas españolas en redactar un manifiesto para ese día. (Os lo dejo aquí por si os queréis unir: Las periodistas paramos. Esta profesión es una de las menos solidarias que conozco y me ha sorprendido muy gratamente que la sororidad haya surgido entre nosotras. Las mujeres solemos apoyarnos en la vida diaria, pero en la profesional, al menos en este oficio donde vuelan los cuchillos por conseguir repercusión del trabajo (vales lo que vale tu última firma o tu último directo), tu mayor enemigo suele ser otra mujer.

La clave del éxito de la convocatoria de este año puede estar en el abandono de la resignación, esa lacra disfrazada de virtud que la sociedad patriarcal, con la inestimable ayuda de la Iglesia Católica, ha impuesto a las mujeres. La educación femenina lleva siglos preñada de resignación. Mujeres resignadas a quedarse en casa limpiando, cocinando, cuidando… En la generación de mi madre era habitual la frase “las mujeres hemos venido al mundo a sufrir”, y lo tremendo es que muchas de mi generación o de la de mi hija gestionan sus vidas basándose en la premisa del sacrificio que, aunque sea autoimpuesto, no se convierte en legítimo.

Las que pertenecemos a la generación que llegó al mundo laboral con la transición política asistimos en los últimos años perplejas a una escalada de la cultura de la resignación femenina. Nosotras luchamos contra la educación ancestral que nos impulsaba a quedarnos por detrás de los hombres, a renunciar a nuestras carreras profesionales o, como alternativa, a renunciar a ser madres. Hicimos ambas cosas compatibles lo mejor que pudimos porque no nos resignamos a tener que elegir, exigimos a la sociedad y a nosotras mismas ser las dos cosas. Sinceramente, creo que, a trancas y barrancas, lo conseguimos.

Cuando, inocentes de nosotras, creíamos que ya era inamovible lo que habíamos conseguido y que nuestras hijas y nietas seguirían ampliando el territorio social y profesional femenino, hace unos quince años empezó a resurgir la oleada conservadora disfrazada arteramente de modernidad. Esos llamamientos a una atención y educación perfectas de los hijos, la defensa de la lactancia eterna, de la presencia materna a todas horas… Las madres empezaron a sentirse culpables por no pasar todo el tiempo con sus hijos, por no amamantarlos hasta los tres años. De la culpa nacieron las decisiones de dejar trabajos, pedir excedencias, reducir jornadas y resignarse a prosperar en la profesión, la que fuera, menos que sus parejas. La resignación ha vuelto a instalarse entre nosotras y no nos abandonará mientras los mensajes sociales y educativos que pretenden de nuevo encerrar a las mujeres en casa no desaparezcan.

Desengañémonos, esto no va a suceder si no lo hacemos nosotras. Debemos luchar contra esas presiones sutiles, disfrazadas de modernidad, en la crianza de los hijos y contra el mantenimiento de la educación con mensajes de roles diferenciados para niñas y niños. Los gobiernos no van a hacerlo por nosotras, los hombres, aunque nuestras parejas sean los menos machistas del mundo, no van a hacerlo por nosotras. Tenemos que ser nosotras las que luchemos por el futuro igualitario de nuestras hijas y nietas, para que ellas desconozcan el significado de la palabra resignación.

Tras este 8 de marzo, vendrán otros muchos. Espero que sigamos avanzando no sólo en palabras, también en hechos y no dejando que estos hechos se queden una vez mas al albur de los machistas que están en la cúpula de la sociedad y que controlan los mensajes que recibimos. Las mujeres somos responsables de crear una sociedad sin desigualdad y podemos conseguirlo.

Cristina Buhigas: Tras fundar y asistir al cierre de numerosos medios de comunicación, del antiquísimo Pueblo al moderno Público; de trabajar en ellos miles de horas, como en los diarios económicos La Gaceta de los Negocios o La Economía 16 y en la agencia de noticias Europa Press, Cristina ha conseguido liberarse de libros de estilo y, lo que es más importante, de líneas editoriales, gracias a la jubilación.


4 respuestas a “Contra la resignación (por Cristina Buhigas)

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