La resistencia (por Isa)

maxresdefaultA instancias de mucha gente que me conoce – y sabe lo que me gusta- he empezado a ver Black Mirror. Para los que no estén al corriente, se trata de una serie “futurista” con una aire orwelliano que en cada episodio expone peripecias de nuestro tiempo poniendo el énfasis en el influjo negativo del uso y abuso de las nuevas tecnologías. Y sí, los que me la recomendaron estaban en lo cierto. Me está encantando. Normal. Como en la serie, mi visión sobre lo que nos depara el futuro hipertecnológico y súper conectado es bastante apocalíptica.

Probablemente, ser del siglo pasado y haber vivido bastantes años sin smartphone, nube, conexión constante, interacción digital y redes sociales varias ayuda a visualizar más fácilmente una vida totalmente analógica y a sentir más prescindibles todos estos elementos de la nueva era.

A ver, no es que no le vea las ventajas a lo digital. Algunas hay, claro. Entre otras cosas, sé valorar que sin Internet no podría estar escribiendo en este blog y sin redes sociales tú no me estarías leyendo -aunque no tengo aún muy claro si eso es bueno o malo ;-)-. Pero da bastante miedito comprobar lo muchísimo que ha cambiado la manera de relacionarnos entre nosotros y con el mundo en general.

Local-teams-la-resistanceAl principio, abracé con ganas todos los avances tecnológicos a mi alcance, como el e-mail. A mí, que he sido muy de relaciones epistolares, me encantaba poder tener conversaciones en diferido. Duró poco. En seguida apareció la mensajería instantánea a cargarse la charla reflexiva y a fomentar las confusiones por comentarios irónicos que sin el uso de la voz y sin contexto perdían la gracia.

Poco después aparecieron las redes sociales y la interacción con medios y gente hasta ese momento inaccesible: la democratización de la información y la comunicación lo llamaron. Sonaba bien. Hasta que rápidamente se vió que lo único que se fomentaba era la devaluación total de las noticias y los medios de comunicación, el acoso cibernético y la opinología, cada vez más irreflexiva y poco cualificada. Y es que igualar por abajo no siempre es bueno, que la voz de cualquier cuñao tenga el mismo peso que la de un experto en la materia no tiene muchas ventajas.

Ahora estamos en ese escalofriante punto en el que los linchamientos en redes son frecuentes y lo que pasa en digital tiene consecuencias nefastas en la vida real: gente encarcelada por expresar su opinión o hacer chistes en Twitter o personas con su reputación, su obra y su vida destruida por la acusación popular, a veces sin argumentos. Y en otro orden de cosas, que Google o Facebook sepan donde estás y con quién, qué has comido, qué has comprado y hasta cuánto has dormido no deja de ser bastante espeluznante también.

Por todo esto, no me extraña que haya cada vez más gente que se desvincula de las redes sociales totalmente y que hace lo posible por mantenerse al margen de la marabunta de opiniones ajenas no acreditadas o del furor exhibicionista de sus congéneres compartiendo hasta sus detalles más escatológicos. Esa gente me produce una gran admiración. Son valientes. Más incluso que los que en su momento reivindicamos poder gozar de gustos minoritarios y rechazamos lo que no nos gusta, aunque se trate de cosas que le gustan a la mayoría (como  el fútbol, o algunos realities o el grupo musical de moda o el chocolate…). A mí esto me viene de lejos. Ya en 2010, confesaba aquí mi afán por desconectar (Unplugged). Ser capaz de decir no quiero esto, cuando eso supone enfrentarte a todo tipo de críticas y a la incomprensión global, es pertenecer a la resistencia, y para mí es digno de orgullo. Aunque ahora si haces gala de ello en las redes sociales te arriesgues a llevarte la etiqueta de snob.


4 respuestas a “La resistencia (por Isa)

    1. Pues claro que vienen bien, y además son un excelente vehículo de difusión. El problema -como en casi todo- es el exceso. En general se le dan más importancia de la que tienen, se valoran en exceso. Los medios las toman como termómetro social y ocupan demasiado espacio en las noticias, y para relacionarse están genial sino eclipsan la interacción real.

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  1. Comparto tu admiración por esas gentes desconectadas. Desde luego mi trabajo no me lo permite. Hoy por ejemplo he dependido de una foto enviada por whatasapp para dar una información sobre Anna Gabriel, la mujer del día. Y ya que estoy, pues estoy a saco. Al igual que a tí me fascina y me asquea la conexión a partes iguales. Como otras tantas cosas en la vida.

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