Baby, you can drive my car (por Isa)

drive my carLe gustaba su trabajo. Más o menos. Era interesante. A veces. Estaba cerca de casa. Relativamente. Tenía un buen ambiente, la gente era muy maja. Casi todos. Era un lugar confortable, bastante cuqui, con muchas plantas grandes y frondosas que refrescaban el clima seco de Madrid y esparcían un olor como a jardín recién regado. Y luz natural. Sobre todo luz. Cuánto la había echado de menos en su anterior oficina. La decoración era moderna pero sin que el diseño le hubiera ganado la partida a la comodidad. Sillas ergonómicas en verde pistacho y mesas amplias en blanco para los puestos de trabajo. En la zona de espera, un sofá de verdad con respaldo alto para apoyar la cabeza, tapicería suave en rojo coral y reposabrazos blandos, de los que invitan a la siesta. El local estaba en una quinta planta de una calle ancha y tenía grandes ventanales. Era todo diáfano, de forma que no había despachos con sus tabiques, dividiendo al personal y restando luminosidad. Eso aumentaba el contacto de unos con otros, pero también el ruido de ambiente. Aunque a Andrea no le importaba, siempre había sabido abstraerse y era capaz de concentrarse hasta en una discoteca. Por supuesto, Rodolfo, su jefe, había sabido marcar las distancias poniendo una mesa mucho más grande, separada del resto por una distancia apreciable desde lejos y con un armario con estantería para él solo.

Era la densa hora de después de comer y sonaba un recopilatorio de música variada de los 60 en el Spotify que tenían conectado a los altavoces. Cada día elegía uno la música. Le tocaba a Andrea. Así que estaba de buen humor, a pesar de que, al ser principio de mes, le tocaba sacar estadísticas de altas, bajas y quejas con sus distintos motivos. Lo que menos le gustaba. Con el tercer café del día, confiaba en despejar la cabeza. Había dormido poco otra vez. Salta ‘Drive my car’ de los Beatles y sonríe. Una canción podía ser mucho más efectiva que la cafeína. “Asked a girl what she wanted to be. She said baby, can’t you see”- canturreó desinhibida mientras picaba datos en un excel, moviendo los hombros, la cabeza y los pies al ritmo del tema.

– “Lo del hilo musical para toda la oficina no es que me entusiasme, pero ya lo de cantar me parece el colmo”.

Era Rodolfo. Se había metido tanto en lo suyo que no lo había visto aproximarse desde la otra punta de la sala. Ella estaba junto a  la puerta de acceso. Ni siquiera el intenso perfume tan característico de él le había puesto en alerta. Apartó la cara de su Mac malva, y miró hacia arriba. Esa chaqueta de tweed era nueva, no se la había visto antes. Qué moderno. La barba no le quedaba mal, la verdad, pero no conseguía sacudirse la ranciedad del rostro con esas gafas de montura metálica que llevaba pegadas al tabique nasal desde que le conocía hacía más de diez años.

– “A ver, es que esto de sacar datitos para hacer un informe que encima nadie lee ya es bastante tedioso como para hacerlo a cara de perro y en silencio monacal, ¿no crees?”- le contestó burlona y en buen tono, para que sus compañeros la escucharan.

-“Andrea, los informes son una parte fundamental de nuestro trabajo, y determinan si vamos bien o mal. Si quieres escuchar música, vale, pero sin cantar, por favor. ¿Qué van a pensar los clientes que entren?”- Rodolfo añadió gravedad a su tono, la miró desde arriba arrugando la frente y apoyó las manos sobre la mesa, como tratando de imponerse.

– “Pues que soy una persona feliz en mi empresa y que eso es importante tratándose de la compañía de seguros a la que quieren confiar su salud y su vejez”- Andrea sonrió y sacudió su melena castaña con un respingo. Sabía que así le desarmaba – “Además, ¿cuántas quejas has tenido de mí en estos años?”. Los compis más cercanos se rieron, y Sonia, incluso esbozó un amago de aplauso.

-”Ninguna, eso es cierto” – le devolvió la sonrisa pero le salió una mueca rara y se fue, mascullando entre dientes, de vuelta a su pseudo despacho. Una vez sentado en su mini isla, Rodolfo pudo escuchar perfectamente el “beep-beep, beep-beep, yeah” que entonaron al unísono casi todos los empleados.


2 respuestas a “Baby, you can drive my car (por Isa)

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