La rebelión de las de más de 65 (por Cristina Buhigas)

Happy group of women celebrating a birthday with confetti and smiles. Friendship concept. Relax and happiness for nine female peopleLa realidad va muy por delante de los tópicos, especialmente en materia de mujeres. Hemos derribado el de las dedicadas solo a la maternidad, el de las inferiores en el trabajo, el del deseo sexual igualitario (o, al menos estamos muy avanzadas en conseguir estos objetivos), pero nos queda el convencionalismo de que a partir de los 65 hasta la desaparición se abre un extenso páramo en el que todo se reduce a cuidar nietos, dar paseos por el barrio y llevar el pelo corto y blusas de lazo.

Salvo enfermedades graves o degenerativas, que no tienen nada que ver con la edad, esta imagen que nos venden los medios de comunicación, y la gente se cree, es falsa. Lo es para hombres y mujeres, pero mucho más para nosotras. Cuando en las televisiones dan datos de alguna encuesta sobre personas mayores de 65 años, utilizan imágenes de señores y señoras de 80 o más andando dificultosamente o sentados en bancos. En todas partes además se denigra a estas personas llamándolos abuelos y utilizando un tono parecido al que algunos memos usan con los niños, algo indigno que provocó a un amigo mío decirle a una enfermera: “Señorita, que yo sepa, no es usted mi nieta, así que tráteme con educación”. Pero esta historia, con ser muy importante, la del desprecio a los ancianos, no es la que quiero tratar hoy.

Me quiero centrar en lo que afecta a las mujeres de más de 65 años. Se habla de la soledad como una lacra que todas padecen, algo completamente falso. Una cosa es la soledad de alguien muy anciano que necesita cuidados y otra la de una señora en plenas facultades, viuda, divorciada o soltera que disfruta de su independencia y hace lo que quiere. Vivir sola no significa no tener familia, tampoco no tener pareja. Significa planificar la vida a tu aire, sin dar cuentas a nadie, pero es compatible con ver a los hijos, los hermanos, los amigos y a mantener una relación amorosa con alguien tan independiente y sin obligaciones como tú. Deberían hacerse estadísticas sobre esto, para acabar con los estereotipos.

Luego está lo de dar por hecho que, salvo cuidar de los nietos o ir al gimnasio, a yoga o a Pilates, estas mujeres no tenemos nada que hacer, carecemos de proyecto vital. Tan falso como el mito de la soledad. Las mujeres mayores, incluyendo aquí a las de mas de 50, tienen capacidad de ilusión y mueven la vida cultural española. No hay más que ir al cine, al teatro, a exposiciones, a la presentación de algún libro, a un club de lectura. Sin ellas más de la mitad de la audiencia desaparecería. Pero no es solo eso, hay multitud de señoras de estas edades y algunas de hasta muy cerca de los 90, que tienen actividades múltiples que no son solo de ocio. Asisten a clases de arte, de filosofía, de historia e inician proyectos nuevos. Hay quien mantiene un comercio, quien ha emprendido un negocio online, quienes (como yo) escriben libros o dan clases y conferencias, quienes asesoran a empresas o son organizadoras de eventos. Conozco a montañeras de casi 70 y a alguna de más de 80 y a profesoras de las disciplinas más diversas. Es rara la que no se maneja perfectamente en las redes sociales, donde ha aumentado su nómina de amistades, virtuales o no, y donde se relaciona con gente de todas las edades, no sólo con su familia. Hace poco vimos un reportaje sobre una señora que con 80 años se ha puesto a diseñar ropa interior, algo muy de agradecer, porque en materia de lencería, el tópico también encierra a las mayores en un mundo no-sexy, ¡como si los encajes fueran patrimonio de la juventud!

En lo del aspecto físico o la forma de vestir también hay que destruir los antiguos moldes. Con las canas al aire o teñidas, las mujeres de estas edades mayoritariamente visten de forma muy parecida a las más jóvenes, salvo en lo que toca a enseñar los muslos, el ombligo o demasiado escote. Las deportivas, los pantalones pitillo o las mochilas son habituales en la calle y en los casos en los que hay que ir más elegante se siguen las tendencias de la moda independientemente de la edad. Hay fabricantes de ropa que lo saben, pero otros que siguen creyendo en lo que yo resumo como blusa de lazo y que consiste en fomentar el medio tacón, las faldas por la rodilla y los tonos apagados como el uniforme de las seniors. Espero que se arruinen.

La revolución de las mujeres de más de 65 años está en marcha por suerte hace ya muchos años. Cada día es más patente. Solo queda que la sociedad lo reconozca, que los medios de comunicación no metan en el mismo saco a las personas desgraciadamente enfermas y achacosas y a las que disfrutan de la vida tanto o más que en su juventud, entre otras cosas porque ya no tienen obligaciones y porque ya saben cuales van a ser sus ingresos durante el resto de sus días; naturalmente si no ganan el futuro los neoliberales, pero esa, también, es otra historia.

Cristina Buhigas: Tras fundar y asistir al cierre de numerosos medios de comunicación, del antiquísimo Pueblo al moderno Público; de trabajar en ellos miles de horas, como en los diarios económicos La Gaceta de los Negocios o La Economía 16 y en la agencia de noticias Europa Press, Cristina ha conseguido liberarse de libros de estilo y, lo que es más importante, de líneas editoriales, gracias a la jubilación. Es autora de varias novelas, la última de ellas ‘Prometo serte infiel‘.


3 respuestas a “La rebelión de las de más de 65 (por Cristina Buhigas)

  1. Si hay algo que he apreciado con rotundidad durante mi último período de baja médica, en el que ya podía ir haciendo cosas, es que las señoras son las que mueven el mundo. Son las que llenan los cursos de escritura, las salas de teatro, las exposiciones, los gimnasios. Los hombres jubilados no se ven tan fácilmente, pero ellas están a las riendas de la sociedad.
    Y es cierto que siguen siendo tratadas con una condescendencia sonrojante e injusta… El otro día mientras esperaba para entrar en la consulta del médico, había una señora mayor con su hijo y este se dirigía a ella como si hablase a un bebé sordo, con lenguaje infantil, diminutivos y a gritos, mientras ella le miraba con resignación y fastidio. Tuve que reprimirme las ganas de decirle algo, o directamente de darle un par de tortas en su cara de mentecato.

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  2. ¡Muy bien dicho, Cristina! Me ha encantado lo de la “blusa de lazo” 😀
    Da la impresión de que se ha pasado de no hablar en los medios de las personas de más de 60 a mencionarlas solo en noticias de “penita” o condescendencia: lo solas que están, lo que ayudan a sus nietos… Como bien dices, anda que no estáis activas y despiertas. ¡Solo hay que ver las protestas callejeras por las pensiones!
    Sobre esa gran actividad de ocio y cultura que mencionas, justamente ayer vi en los Golem una campaña llamada “Las señoras cuentan”, en honor de las mujeres cinéfilas (mayores o no) que llenan las salas y contribuyen (contribuimos) a que continúen abiertas: https://www.golem.es/distribucion/noticia.php?idNoticia=679

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