Las mujeres que no aman a las mujeres (por Cristina Buhigas)

—España, 1960. En aquel entonces había unas mujeres crecidas en la posguerra bajo toda la opresión del franquismo, que estaban educando a sus hijas. La mayoría, aunque sentían en lo más hondo cierto afán de libertad, no supieron separarse de la norma, las niñas a poner la mesa, los niños a estudiar. Papá es el que manda en la casa, si solo hay dinero para pagar una carrera, la hará el chico. Otras, con más suerte y más preparación, inculcaron a sus hijas sueños de independencia, de autosuficiencia, de trabajo. Pero fueron muy pocas, casi ninguna, las que difundieron el mensaje de igualdad absoluta y de que solo las mujeres, apoyadas unas en las otras, podían construir ese futuro. La sociedad mantenía la teoría de que el honor familiar residía en los genitales femeninos y de que el hombre podía tener la mano larga, que, incluso si la alargaba demasiado, alguna razón le asistiría. “Hija, aguanta, las mujeres hemos venido a este mundo a sufrir”. Las que no se sometían al destino sufriente eran las “frescas” o peor, las “putas”.

—España, 1980. Entre aquellas niñas de los 60 han florecido mujeres trabajadoras, que han estudiado, que tienen una profesión o un negocio, con independencia económica. Muchas han tenido que renunciar a la vida de pareja y la maternidad para ser dueñas de sí mismas, otras se han divorciado para huir de matrimonios opresores y educan a sus hijos e hijas con toda la igualdad de que son capaces. Pero sigue habiendo muchas que arrastran aquellas enseñanzas maternas y se mantienen sumisas, que, obteniendo sus propios ingresos, permiten que los maridos los administren, incluso dicen eso de “mi marido me ayuda en casa” o lo de “mi marido me deja salir a cenar con las amigas”. Estas transmiten a sus hijas la filosofía de resignación que les inculcaron sus madres. Cuando se escuchan gritos en una casa, los vecinos se hacen los sordos porque “los trapos sucios se lavan de puertas para dentro” o “algo habrá hecho esa”. El asesinato de Ana Orantes, el momento de inflexión en la exposición del maltrato no llegó hasta 1997.

—España, 2020. Hace años que se cuentan los asesinatos anuales de mujeres por parte de sus parejas, convencidos de que son sus propietarios, o de quienes ya no lo son, pero, como son muy machos, se sienten con derecho sobre sus vidas. Hay legislación contra la violencia de género hace años, hay instituciones para proteger a las mujeres maltratadas, el cerco se estrecha en torno a los maltratadores; pero en la sociedad sigue larvado aquel espíritu del mundo como un valle de lágrimas obligatorio para las mujeres. Muchas siguen viviendo bajo aquellas normas, dejan que maridos o novios las traten mal, aunque no sea físicamente, las desprecien, las insulten. Hay  adolescentes que confunden el amor con la posesión y el control. Todo esto es producto de una sociedad enferma, sin duda, pero hay muchas mujeres que contribuyen a que esta enfermedad se mantenga, las que no aman a las otras mujeres, las que defienden a los maltratadores psicológicos. Hay muchas, porque a la educación ancestral en la conciencia de que el sexo femenino es inferior y a la estúpida teoría del príncipe azul o del alma gemela, se suma ahora toda la telebasura, todas las historias de parejas disfuncionales que se meten en sus casas en los horarios de máxima audiencia. Volquetes de mentiras, de gritos, de desprecio a las otras, a las que deberían ser sus hermanas en la lucha por la libertad y la independencia. Y esas pobres mujeres son crueles con las que cuentan sus historias de sufrimiento. Creen y apoyan a los aprendices de asesinos, que si no han llegado a serlo es por cobardía, no por falta de ganas. Todo esto lo ven las niñas y, pese a que en las escuelas (al menos en la inmensa mayoría, salvo en las ultrareligiosas) se las educa en la igualdad, muchas de ellas caen en idéntica actitud que sus madres.

—España, 2040. Hay dos posibles futuros:

-1- Los generadores de odio, racistas y machistas se han adueñado de la sociedad y las instituciones. Se han derogado las leyes contra el maltrato, los asesinatos de mujeres baten récords cada año. Los colegios con segregación por sexos son la mayoría. La mayor parte de las mujeres “deciden libremente” dedicarse al cuidado de los hijos y la familia, con lo que ya no pueden huir de los opresores, algo de lo que se dan cuenta cuando ya no tienen capacidad de reacción. Además, si van a la policía les dicen “algo habrás hecho, puta”. Las que disfrutaron de una juventud independiente, las ancianas de la tribu, cuentan a sus nietas que hay que luchar por la libertad, puede que alguna comience a hacerlo y acabe en la cárcel. Las comadres del odio dictan sentencia contra todas las que “sacan los pies del tiesto”, aunque ellas mismas se convierten en víctimas frecuentemente, ya sean del escarnio público, ya de la violencia masculina.

-2- Las mujeres han conseguido que las que no aman a las demás prácticamente hayan desaparecido y con ellas sus equivocadas enseñanzas. Ha ayudado en el proceso la sucesión de gobiernos mayoritariamente femeninos, progresistas y feministas que han dictado leyes educativas cruciales para que ninguna mujer se sienta inferior a ningún hombre y nadie pueda situarla en esa posición. Los hombres también han disfrutado de esa educación y por eso los prepotentes, machistas y asesinos se limitan a unos pocos enfermos mentales. También han ayudado medidas contra la pornografía machista, contra la prostitución y contra la apología de la violencia de género en los medios de comunicación, lo mismo que de la incitación al odio. Niñas y niños crecen de forma igualitaria, en las universidades, también en las ingenierías y las profesiones técnicas, hay mayoría de mujeres. La sociedad simplemente crece en la igualdad y el equilibrio, asegurando un futuro de progreso.

Espero que tengáis claro qué futuro preferís y actuéis en consecuencia.

Cristina Buhigas: Tras fundar y asistir al cierre de numerosos medios de comunicación, del antiquísimo Pueblo al moderno Público; de trabajar en ellos miles de horas, como en los diarios económicos La Gaceta de los Negocios o La Economía 16 y en la agencia de noticias Europa Press, Cristina ha conseguido liberarse de libros de estilo y, lo que es más importante, de líneas editoriales, gracias a la jubilación. Es autora de varias novelas, la última de ellas ‘Donde reside el poder‘.


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