Trabajar desde casa (por Chelo)

Hace poco más de una año, cambié de puesto dentro de la empresa en la que trabajo desde el 2016. Hasta entonces trabajaba para la unidad de negocio de España y aunque la empresa tiene unas políticas muy claras en cuanto a conciliación y flexibilidad de horario, el 95% de los días tenía que ir a la oficina. Ahora tengo lo que llaman un puesto Global, esto es que no trabajo para un país en concreto, me ocupo de proyectos globales y trabajo en actividades por casi todo el mundo. La tecnología me permite comunicarme con compañeros y asociados diariamente sin tenerlos en frente.

Así que 2 o 3 días a la semana trabajo desde mi casa, con un horario flexible, que dentro de un orden, me permite estar en una llamada con Singapur a las 7am y el mismo día atender un seminario que imparten desde Nueva York a las 18h, sin necesidad de estar en la oficina 11 horas. Puedo conciliar la jornada con otras actividades y aunque yo preferiría tener un horario más estable y a determinada hora cerrar el ordenador, esto me da una flexibilidad enorme. Flexibilidad para intercalar tiempo para mí, para atender a mis hijas, asistir a reuniones escolares, médicos y demás sin pizca de culpa y sabiendo que lo importante es hacer el trabajo bien y en tiempos y no calentar una silla de oficina de tal a cual hora.

De este año he aprendido muchas cosas, la primera es que cuando trabajo desde casa, mi productividad es mucho mayor. No es que sea la “fiestas” de la oficina, pero si soy un ser social, me cuesta negarme a un café, a un “me acompañas abajo que te cuente una cosa”, al que pasa por tu lado y te habla “¿sabías que…?”, a un “ven que te enseñe una cosa a ver que te parece”… todo eso desaparece cuanto estás en tu casa.  Yo necesito el contacto con la gente y aunque podría no aparecer por la oficina, voy un mínimo dos días a la semana. Y eso que ya no tengo ni sitio asignado, me siento donde encuentro hueco, ya no tengo apenas contacto laboral con la gente de la oficina de Madrid… da igual, voy, me tomo algún café con compañeros de otras líneas de negocio, salgo a comer o como en el comedor con mis antiguos colegas, saludo, doy los buenos días….

También he aprendido la importancia de empatizar telemáticamente. Os explico. Yo soy muy de ir al grano en el trabajo, si hay una llamada para hablar de algo en concreto, pues al tajo y cuanto antes terminemos, mejor. Cuando no tienes contacto físico con tus compañeros, es importante darle un poco de “calor” a las relaciones. Preguntar por el tiempo o las vacaciones escolares suele ser lo típico, es ridículo la de veces en un día que digo “pues por Madrid soleado, 25 grados…” o similar. Ya de master es la gente que vive en la otra punta de mundo y te pregunta por temas concretos de actualidad de España, algunos están más al día que yo de nuestra liga de futbol -fácil-, de festivales y cosas por el estilo, yo a veces alucino.

No puedo decir que haya aprendido del todo a gestionar mi tiempo cuando estoy en casa, me cuesta levantarme del escritorio con temas pendientes, pero poco a poco voy mejorando. Salvo necesidad extrema, nunca como en la mesa de trabajo (al principio si lo hacía), me visto de calle aunque no tenga pensado salir (esto tampoco lo hacía al principio) y no enciendo el ordenador desde el viernes a la hora que termine hasta el lunes.

Hay muchas empresas españolas que no entienden el home office ni la flexibilidad de horarios y de verdad, no saben lo que pierden, en esto ganamos la empresa y el empleado, sin duda alguna, a partes iguales si está bien gestionado ¿Cuándo aprenderemos en España que el innecesario presencialismo laboral no aporta nada?


3 respuestas a “Trabajar desde casa (por Chelo)

  1. Por desgracia, todavía hay muchos jefes que no pueden soportar que no estés 16 horas diarias en la oficina. Entre otras cosas, porque eso les da una coartada para pasarse allí el día y evitar enfrentarse a su anodina, inexistente o frustrante vida personal.
    Me ha hecho mucha gracia lo de la empatía telemática 😁 Recuerdo a ciertas compañeras de Latinoamérica con las que hablaba regularmente por Skype quejarse de que los españoles éramos muy bruscos al teléfono, mientras que a mí me enervaba un poco tanto preámbulo de “qué tal, cómo estás, qué tiempo hace por ahí…”. Esa cortesía también hay que entrenarla, y más en estos tiempos del teletrabajo.

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  2. Pues yo la verdad, que a veces trabajo desde casa, creo que al perder lo de socializar con otras personas en la oficina restamos. ¿En el futuro seremos todos erenitas hiperconectados? Da un poco de miedo

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  3. Desde luego que ese sistema me parece estupendo. Es una flexibilidad que se agradece, aunque debe de ser difícil adaptarse. Ojalá las empresas se dieran cuenta de las ventajas del teletrabajo y dejarán de premiar el calentamiento de silla, pero aún lo veo lejos.
    ¡Gran post, compañera!

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