Me gusta mi trabajo (por Chelo)

Ha sido leer la entrada de nuestra colaboradora Cristina Gallardo y venirme arriba. Me encanta toparme con gente positiva y por ende, con lecturas positivas.

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Así que he decidido seguir en la misma línea de buen rollo y vengo a confesar algo sorprendente e inaudito: me gusta mi trabajo. El trabajo que tenía antes, también me gustaba, y el anterior, más de lo mismo. Debo ser un bicho raro, muy raro. La mayoría de la gente echa pestes de su ocupación. Lo normal es que te juntes con los amigos y te pongas a criticar la caca de trabajo que tienes. La dinámica que comentaba Cristina en su post sobre la queja se vuelve hipérbole cuando sale a relucir el curro, parece que si no te quejas de tu trabajo eres un pringado sumiso, un Bob Esponja de la vida (sí, ese tipo amarillo que lo flipa haciendo hamburguesas en precarias condiciones, humillado y explotado por su jefe, un cangrejo ruin, avaro y explotador).

Son muchas las veces que en una conversación de amigos que no dejaban de quejarse de su trabajo he buscado y buscado una excusa para quejarme yo también. Está mal visto decir que te lo pasas bien en el tajo. Disfrutar de tu trabajo no implica que no tengas una vida más allá de la que disfrutar, aunque mucha gente asocia una cosa con la otra, imagino que como mecanismo para no hundirse más en la miseria. Al infeliz no le suele gustar la felicidad ajena, eso es así.

Pues mi trabajo mola, me permite seguir aprendiendo, es dinámico, es complicado aburrirse porque no hay tiempo para la desidia y por suerte gozo de suficiente autonomía como para ponerle creatividad y mi personal forma de hacer las cosas. Podría decir también cosas malas, claro, no tengo un trabajo perfecto, basicamente porque ¡no existe un trabajo perfecto! Lo perfecto sería no tener que trabajar, pero ese es otro tema.

El tema de los compañeros de trabajo es crucial para estar bien en el curro, escribí hace tiempo una lista de los tipos de compañeros, la podéis consultar aquí. Ahí no hablé de los jefes, es una lista que tengo pendiente. He tenido jefes buenos y malos, listos y tontos y puedo afirmar que cuanto más inseguro y mediocre es un jefe, peor ejerce sus funciones y aun así, si tienes un trabajo que te gusta, el jefe es secundario, al menos en mi área profesional. Seguro que hay otro tipo de trabajos donde el jefe es crucial ¿nos lo cuentas?.
¡Ah! Yo me dedico al marketing, para el que no lo sepa 🙂

Feliz semana a todos.


11 respuestas a “Me gusta mi trabajo (por Chelo)

  1. A mí me encantaba el trabajo que tenía hasta hace poco. El que estoy haciendo ahora no me entusiasma tanto. Pero bueno, tengo fe en poder volver a hacer algo que me guste más. De momento, me lo tomo como una etapa y ya. Un besote!!!

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  2. Eres muy afortunada. En el trabajo (si se tiene, ay…) pasamos la mayor parte de nuestro día y si no te gusta, te amargas la vida. Pero eso no te convierte en un bicho raro, sólo en una persona con suerte 🙂

    Yo he tenido de todo: algunos que me han gustado más, otros menos y dos o tres que he aborrecido y que me estaban convirtiendo en peor persona, siempre quejándome y dando la chapa a mis amigos con el tema. Considero que tenía razones para quejarme: a veces el salario, a veces los horarios espantosos o jefes horribles que parecían sacados de una novela de Dickens.

    Sin embargo, las quejas cansan, y al final lo que hay que hacer es actuar. Me fastidia la gente que no para de lloriquear, pero resulta que no hacen nada por cambiar su situación. Siempre hay opciones.

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  3. A mí también me gusta mi trabajo, pero el balance de pros y contras está más equilibrado que en otros casos. Creo que hay gente que se queja sin motivo de su trabajo… y mucha otra gente que tiene bastantes razones para quejarse: sueldos ínfimos, horarios esclavizantes, falta de creatividad o de libertad ejecutiva, jefes que te hacen la vida imposible, compañeros trepas que te ponen la zancadilla o te obligan a vivir en un clima permanente de competitividad insana para no perecer de un pisotón.
    El trabajo perfecto no existe, eso está claro, pero la precariedad, esa idea absurda de obligar al empleado a estar en la oficina en plena era digital, la frustración de no poder ejercer en aquello a lo que le has dedicado esfuerzo e ilusión, la escasa o nula política proactiva de recursos humanos centrados en valorar a cada cual según sus habilidades… No me gusta la tendencia generalizada a quejarse por todo pero motivos de queja hay. Aunque por suerte, haya algunos afortunados que se sientan valorados y a gusto en su curro.

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    1. Si, hay mucha gente con motivos más que de sobra para quejarse de sus trabajos. Se que soy afortunada y no me importa decirlo, aunque no sea una postura muy popular. Pero que se puede esperar de alguien que con sus 40 tacos cumplidos confiesa disfrutar con las pelis de Crepúsculo? Pues eso 🙂

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